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VIH y SIDA

La infección por VIH continúa siendo un problema sanitario grave a nivel global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a día de hoy este cuadro se ha cobrado más de 36 millones de vidas. En el año 2020 se infectaron 1,5 millones de nuevas personas con este agente patógeno, lo que hizo un total de más de 37 millones de casos activos en todo el mundo. Hasta 6 millones de pacientes afectados no conocen su estado.

Aunque los avances en el terreno del VIH han traído excelentes noticias en los últimos años, sigue considerándose una enfermedad sin cura. Es esencial detectar la infección a tiempo antes de que se cronifique, lo cual pasa por la detección genética del virus mediante técnicas avanzadas de diagnóstico. Si se identifica rápido, las personas con VIH pueden vivir una vida normal y longeva.

¿Qué es el VIH?

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un retrovirus de forma esférica con unos 100-120 nanómetros de diámetro. Está constituido por 3 capas diferenciales (de fuera hacia adentro): una bicapa lipídica, una nucleocápside icosaédrica y una sección interna, compuesta por información genética y nucleoproteína. La cadena genética del VIH está constituida por un ARN de cadena simple, a su vez formado por 2 filamentos idénticos.

Existen dos tipos de VIH:

  • VIH-1: es el que se descubrió primero y dio nombre a la enfermedad. Es el causante de la mayoría de las infecciones por VIH en el mundo y tiene una mayor virulencia que su contraparte.
  • VIH-2: parece que la virulencia del VIH-2 es menor, por lo que su capacidad de transmisión está más limitada. Es un patógeno endémico de África Occidental (Senegal, Gambia, Liberia, Ghana y Nigeria), pero los flujos migratorios podrían cambiar su distribución en próximos años.

Este virus se ha cobrado una cantidad ingente de vidas desde su descubrimiento (entre 27,2 millones y 47,8 millones). Más de 2/3 de las personas infectadas en la actualidad se encuentran en la región de África y, aunque la cobertura médica de terapia antirretroviral (TAR) alcanza al 73% de la población mundial, queda mucho por hacer. Solo el 54% de los niños infectados reciben el tratamiento que requieren para sobrellevar la enfermedad.

La tasa de infección del VIH ha ido en aumento a nivel global desde mediados de la década de los noventa.

Síntomas del VIH y sus fases

Una vez que el virus de la inmunodeficiencia humana entra en el organismo, tienen lugar varias fases. Las desglosamos en las siguientes líneas.

1. Infección primaria (aguda)

Entre 2 y 4 semanas después de la infección, algunas personas desarrollan un cuadro similar al de una gripe. De todas formas, entre el 10 y el 60% de las personas en esta etapa no muestran signo alguno. De presentarse, los síntomas más habituales son los siguientes:

  • Fiebre.
  • Dolor de cabeza.
  • Erupción cutánea.
  • Dolor de garganta.
  • Aparición de llagas en la boca.
  • Inflamación de los ganglios linfáticos (sobre todo los del cuello).
  • Tos.
  • Diarrea.
  • Pérdida de peso.
  • Sudoración nocturna.

Durante la infección primaria por VIH, el virus se reproduce de manera rápida y se propaga por todo el organismo. En específico, ingresa en un tipo de linfocitos (CD4), se multiplica dentro de ellos y acaba destruyéndolos. La carga viral en sangre durante esta etapa es muy elevada, por lo que el paciente tiene una alta capacidad de transmitir la enfermedad. Los beneficios pueden ser muy grandes si se comienza el tratamiento en este momento.

Esta enfermedad de transmisión sexual (ETS) es mucho más contagiosa durante los primeros meses.

Unas personas teniendo sexo.

2. Infección crónica

El VIH continúa multiplicándose dentro del organismo del paciente en esta fase, pero en concentraciones muy bajas. Por ello, no se presentan síntomas específicos. El virus sigue expandiéndose de forma gradual mientras los linfocitos CD4 desaparecen poco a poco, lo cual se traduce en la degradación del sistema inmunitario. Sin el tratamiento antirretroviral, la infección crónica suele desembocar en SIDA en 10 años o menos.

3. SIDA

Aunque a veces se utilicen ambos términos de forma indistinta y errónea, VIH y SIDA no son lo mismo. El SIDA o síndrome de la inmunodeficiencia adquirida es la última fase de la infección por VIH, pero no todas las personas con VIH llegan a tener SIDA. Este último cuadro tiene lugar cuando el sistema inmunitario del paciente está muy dañado y el conteo de linfocitos CD4 en sangre es menor a 200 por milímetro cúbico. Se considera que esta fase es altamente infectiva.

El daño al sistema inmunitario promueve que el paciente padezca patologías que no aparecen (o son mucho más leves) en personas sanas. Las infecciones derivadas se manifiestan con síntomas típicos del SIDA, como sudores, escalofríos, fiebres recurrentes, fatiga persistente, debilidad, pérdida de peso, diarrea crónica, lesiones inusuales y ganglios linfáticos inflamados. De media, las personas con SIDA fallecen en 3 años.

¿Cómo se produce el contagio del VIH?

El virus de la inmunodeficiencia humana se transmite a través de la sangre y otros fluidos corporales (secreciones vaginales, semen, líquido preeyaculatorio y leche materna). Las vías de contagio más comunes son las siguientes:

  1. Práctica de sexo oral, vaginal u oral sin protección con una persona infectada que no está tomando antirretrovirales.
  2. Uso de jeringas no higienizadas en ambientes de drogodependencia.
  3. Exposición antes, durante y después del nacimiento (embarazo y parto).
  4. Lactancia madre-hijo si esta es positiva para VIH.
  5. Transfusiones sanguíneas que no han sido analizadas.
  6. Trasplantes de órganos si el donante está infectado.
  7. Entrada de sangre de un paciente VIH positivo por una herida profunda, pinchazo o accidente, sobre todo en el ámbito sanitario.

Es necesario destacar que el VIH no se transmite mediante el contacto casual (abrazos, compartir utensilios, saludos o besos). Tampoco se transporta con vectores biológicos como mosquitos, pulgas y garrapatas. Además, gracias a la estandarización de los procesos sanitarios, el contagio por trasplantes de órganos y transfusiones sanguíneas a día de hoy es casi nulo.

Diagnóstico del VIH

La presencia de VIH en el organismo del paciente se detecta a través del análisis de muestras de sangre o saliva. Las pruebas de antígenos y anticuerpos son de gran utilidad para diagnosticar la condición, pero los resultados no son concluyentes hasta las 2-6 semanas y las 3-12 semanas después de la exposición, respectivamente. En cambio, los análisis genéticos buscan directamente la presencia del virus en la sangre y son más efectivos y rápidos (9-11 días tras la infección).

La Prueba del Virus VIH de VIVOLABS es una gran opción a la hora de detectar este patógeno en sangre en cualquiera de las fases de la enfermedad. Se realiza mediante una cómoda toma de muestra desde casa y los resultados se notifican en 48-72 horas.

Tratamiento del VIH

A día de hoy, no hay un tratamiento definitivo para la infección por VIH. Esto quiere decir que una persona vivirá con el cuadro de forma permanente, pero muchos medicamentos pueden evitar que se llegue a la fase de SIDA y mantener al virus controlado. Toda persona que sea diagnosticada con esta enfermedad de transmisión sexual (ETS) debe comenzar la terapia antirretroviral (TAR) pertinente, sin importar la etapa.

El tratamiento contra el VIH tiene 3 fines esenciales: restaurar y preservar la función inmunitaria del paciente, mantener el nivel del VIH en el cuerpo tan bajo (y por la mayor cantidad de tiempo) como sea posible y evitar que se instauren infecciones oportunistas. La TAR suele consistir en la combinación de 3 o más medicamentos, entre los que se encuentran los inhibidores de la transcriptasa inversa no análogos de nucleósidos, los inhibidores de la proteasa y los inhibidores de la integrasa.

Prevención

El VIH se transmite a través del semen, los fluidos vaginales, la sangre y la leche humana. Por ello, la forma más fiable de evitar el contagio es utilizar preservativos y otras barreras físicas que impidan el contacto directo con el entorno genital de una persona positiva. Las pruebas de detección genética avanzadas también son de gran utilidad, sobre todo si se tienen múltiples parejas sexuales y se practica sexo no seguro.

Toda persona entre 13 y 64 años de edad debería hacerse al menos una prueba de VIH en su vida.

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Hasta 1 de cada 5 personas infectadas por el VIH desconocen su estado. Si no se comienza a tratar a tiempo, esta enfermedad puede derivar en una inmunosupresión grave y hasta la muerte. Si tienes cualquier sospecha de contagio, no dudes en comprar cualquiera de nuestras pruebas de detección del VIH. El diagnóstico temprano salva vidas.

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