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Alergia a la leche: causas, síntomas y tratamiento

La intolerancia a la lactosa es uno de los problemas de la alimentación más comunes en la población general. Sin ir más lejos, se estima que en España esta condición afecta al 20-30% de los niños pequeños y al 15-40% de los adultos. Más allá de la intolerancia a la lactosa, existen otras reacciones adversas al consumo de productos lácteos mucho menos conocidas fuera del ámbito médico. ¿Sabes lo que es la alergia a la leche?

Las reacciones alérgicas son frecuentes, pero casi siempre se atribuyen a ácaros, polen, polvo y otros elementos microscópicos. De todas formas, es posible desarrollar alergia a la leche, una condición muy distinta a la intolerancia que puede tener efectos graves sobre la salud. Te los contamos en las siguientes líneas.

¿Qué es la alergia a la leche?

La alergia a la leche es, como su propio nombre indica, una reacción adversa hacia una (o más) proteínas presentes en la leche de vaca. Como en el resto de casos, esta alergia alimentaria surge a partir del sistema inmunitario humano. Si un paciente tiene alergia a la leche, su sistema inmunitario la reconoce como “dañina” cuando no debería e intenta neutralizarla. Esto cursa con la liberación de histamina y otras sustancias, lo que deriva en los signos y síntomas tan comunes del proceso alérgico.

Este alimento contiene más de 20 fracciones proteicas, pero los alérgenos más significativos pertenecen a la proteína caseína (alfa-s1-, alfa-s2-, beta- y kappa-caseína) y otras proteínas de suero presentes en la leche (alfa-lactoalbúmina y beta-lactoglobulina). Además, cabe destacar que la alergia a la leche se puede dividir en los siguientes grupos:

  • Mediada por Ig-E: en este caso, los síntomas que son más “inmediatos” (de aparición rápida) son causados ​​por el anticuerpo inmunoglobulina E (llamado IgE).
  • No mediada por Ig-E: esta otra variante ocurre cuando la reacción inmunitaria no está mediada por IgE. Los síntomas pueden aparecer de horas a días tras el consumo del producto lácteo, lo que dificulta bastante el diagnóstico.

Es difícil estimar el número de personas afectadas por la alergia a la leche. De todas formas, fuentes profesionales calculan que, en países de alto ingreso, podría afectar al 2-3% de los niños pequeños. Por suerte, a partir de los 6 años las cifras epidemiológicas caen hasta un 1%. En la mayoría de los casos se va perdiendo la reacción alérgica a medida que se crece.

La alergia a la leche es mucho más común de lo que en un principio podría parecer.

Síntomas: ¿en qué se diferencian la alergia de la intolerancia?

Dependiendo del tipo de alergia, los síntomas pueden tardar en aparecer de minutos a horas desde el consumo del producto lácteo. Los más inmediatos son los siguientes:

  • Granos rojos en la piel (urticaria).
  • Dermatitis o eccema.
  • Cara hinchada.
  • Sibilancias o tos persistente.
  • Sensación de picor y/u hormigueo en labios y boca.
  • Vómitos.
  • Diarrea.

Entre los síntomas y signos que se pueden experimentar bastante más tarde tras la exposición al alérgeno, destacan los siguientes:

  • Heces blandas que pueden llegar a presentarse con sangrado.
  • Secreciones líquidas por la nariz.
  • Ojos llorosos.
  • Cólicos.
  • Calambres abdominales.

En los casos más graves puede tener lugar un cuadro conocido como anafilaxia. Esta es una reacción alérgica extremadamente grave que afecta a todo el cuerpo y aparece al poco tiempo tras la exposición al alérgeno, en este caso el producto lácteo. Los síntomas prevalentes son los siguientes:

  • Presión arterial baja (hipotensión).
  • Constricción de las vías respiratorias.
  • Inflamación de lengua y/o garganta.
  • Pulso débil.
  • Náuseas.
  • Diarrea.
  • Vómitos.
  • Desmayos.

Este último cuadro clínico requiere una visita inmediata a urgencias. La anafilaxia es potencialmente mortal si no se aborda a tiempo.

¿Alergia o intolerancia?

En este punto, es necesario destacar que tanto la intolerancia como la alergia a los productos lácteos comparten algunos síntomas. Los que más se asocian son las náuseas, el dolor abdominal y la diarrea. De todas formas, las similitudes entre ambos cuadros clínicos acaban en este punto tan superficial.

La alergia a la leche es un proceso que está mediado por el sistema inmunitario. Por otro lado, la intolerancia a la lactosa se debe a la incapacidad de digerir la lactosa presente en la leche. Esto ocurre cuando, a nivel intestinal, el paciente no sintetiza suficiente enzima lactasa. Como puedes ver, el proceso fisiopatológico es muy distinto.

La alergia a la leche y la intolerancia a la lactosa no están relacionadas.

Causas

Todas las alergias alimentarias, incluida esta, tienen como causa desencadenante un mal funcionamiento del sistema inmunitario. En regiones como Estados Unidos, el 90% de las reacciones alérgicas a alimentos están causadas por 8 ingredientes, y la leche de vaca es uno de ellos. Curiosamente, del 10 al 15% de los bebes con este tipo de cuadro también presentan una reacción anormal al consumo de soja, por lo que utilizar las fórmulas a base de soja como sustitutivo no siempre es una opción.

Algunos de los factores de riesgo más asociados a la alergia a la leche son los siguientes:

  • Tener otras alergias: es bastante común que las personas con una alergia alimentaria acaben desarrollando otras. De todas formas, la alergia a la leche es una de las que primero se suelen manifestar por el cambio de la dieta en niños pequeños.
  • Antecedentes familiares: la tendencia a desarrollar una alergia suele ser hereditaria, lo que significa que se puede “pasar” entre generaciones. De todas formas, el hecho de que un padre sea alérgico no siempre implica que la descendencia también.
  • Ser niño: este tipo de reacción alérgica es mucho más usual en niños pequeños en comparación con la población adulta. A medida que los órganos y sistemas maduran, la probabilidad de reaccionar de forma negativa a este compuesto disminuye.

Diagnóstico de la alergia a la leche

La alergia a la leche cursa con síntomas similares a los de otros muchos cuadros gastrointestinales y sensibilidades alimentarias. Por ello, puede resultar muy complejo establecer un diagnóstico certero en los primeros pasos. Una vez en el centro médico, el profesional realizará un proceso de anamnesis, exploración clínica en la que se le pregunta al paciente toda la información relevante para encaminar el proceso (historial clínico, momento de aparición de los síntomas, sospechas y más).

De todas formas, cabe destacar que no existe una prueba específica para el diagnóstico de la alergia a la leche. Las más utilizadas como método de cribado primario son los siguientes:

  1. Prueba de IgE en sangre específica para la alergia a la leche de vaca: este análisis es esencial en el diagnóstico de la alergia a la leche de vaca mediada por IgE. De todas maneras, los valores de corte son multifactoriales y deben ser establecidos por cada alergólogo.
  2. Prueba cutánea: en este análisis, se pincha la piel del paciente y se le expone a algunas de las proteinas presentes en la leche. En caso de ser alérgico, lo más probable es que se forme una roncha en el lugar de inoculación.
  3. Eliminación de la dieta: si se sospecha de este cuadro, sobre todo en niños pequeños, se puede probar con eliminar la leche de la dieta durante un mes. En caso de que la respuesta sea positiva, se requieren otros análisis.

Tratamiento de la alergia a la leche

El tratamiento definitivo para todos los tipos de alergia alimentaria es eliminar el alimento conflictivo de la dieta, de forma irreversible y permanente. Esta transición a una nueva alimentación debe realizarse de la mano de un nutricionista, pues de lo contrario es posible experimentar efectos adversos a largo plazo. Por ejemplo, una persona que no puede tomar leche se puede beneficiar del consumo de ciertos suplementos sustitutivos, como riboflavina y vitamina D.

Si a pesar de los esfuerzos se acaba consumiendo leche de vaca de forma accidental, se pueden tomar ciertos medicamentos para aliviar los síntomas, como antihistamínicos. En caso de que se instaure una reacción de anafilaxia, es vital una inyección de epinefrina (adrenalina) y una visita a la sala de emergencias. Como hemos dicho en líneas previas, si no se trata este último cuadro es potencialmente mortal.

La alergia a la leche es mucho más común en niños.

La alergia a la leche es uno de los trastornos alimentarios más desconocidos por la población general. De todas formas, su prevalencia no es nada desdeñable, sobre todo en niños pequeños. Si te has visto reflejado en estos síntomas, no dudes en acudir a tu centro médico para hacerte las pruebas pertinentes.

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