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Cáncer de hígado: causas, síntomas y tratamiento

La palabra “cáncer” genera rechazo y miedo a partes iguales. No es para menos, pues casi 1 de cada 6 muertes en el mundo se deben a una patología dentro de este grupo. Tal y como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 2020 murieron casi 10 millones de personas por algún tipo de cáncer, lo que lo convierte en la primera causa de defunción global.

Los cánceres más comunes son el de mamá, el de pulmón, el colorrectal, el de próstata, el cutáneo distinto al melanoma y el gástrico. Aquí tratamos una de las neoplasias malignas que no es tan frecuente, pero que a su vez se encuentra entre las 3 que más muertes causan. Sigue leyendo si quieres conocerlo todo sobre el cáncer de hígado, sus causas, síntomas y tratamiento.

¿Qué es el cáncer de hígado?

El cáncer representa a un grupo de enfermedades en las que algunas células del cuerpo se multiplican sin control y se diseminan a otras partes del cuerpo. Esto se debe a que los grupos celulares pueden sufrir mutaciones genéticas a lo largo del tiempo, lo que propicia su crecimiento y proliferación descontrolada. Es posible que el cáncer comience en cualquier parte del cuerpo, aunque algunas zonas son más proclives a ello que otras.

Según esta definición general, el cáncer de hígado está representado por un grupo heterogéneo de tumores que se originan en este órgano. Se puede categorizar en los siguientes grupos:

  • Carcinoma hepatocelular: es el tipo de cáncer de hígado más frecuente y representa el 80-90% del total. Su incidencia es más frecuente en el género masculino y suele aparecer entre los 50 y 60 años de edad. Se asocia a una cirrosis hepática hasta en 9 de cada 10 casos.
  • Hepatoblastoma: este tipo de cáncer es excepcionalmente infrecuente. Por lo general, afecta a niños menores de 3-4 años de edad. De todas formas, su prevalencia estimada en Europa es de 1/1 000 000.
  • Cancer metastásico: se trata de un tumor secundario, es decir, que surge a partir de la metástasis de un tumor primario en otra parte del cuerpo. Aunque se encuentre en el hígado, las células que proliferan son las mismas que en el tejido original.

Debido a su prevalencia e interés clínico, en las siguientes se cubrirán solo las características del carcinoma hepatocelular.

Síntomas del cáncer de hígado

Como en la mayoría de los casos, el cáncer no es sintomático durante sus primeras etapas. Algunos de los principales signos y síntomas cuando la enfermedad progresa son:

  • Pérdida de peso inexplicable.
  • Falta de apetito.
  • Dolor y malestar en la parte alta del abdomen, cerca del omóplato derecho o en la zona de la espalda.
  • Debilidad y fatiga generalizada.
  • Color amarillento de piel y ojos (ictericia).
  • Hinchazón abdominal.
  • Nódulo duro bajo las costillas en el lado derecho del cuerpo.
  • Heces blancas o decoloradas.
  • Tendencia al sangrado y la formación de moretones.

Tener uno o más de los síntomas citados no implica que se esté desarrollando un cáncer de hígado. De todas formas, ante cualquiera de ellos es necesario acudir a un profesional médico para descartar toda patología en este órgano (y en cualquier otro). Además, cabe destacar que muchos de los signos vienen derivados de la cirrosis, no del tumor cancerígeno en sí mismo. Se puede tener una cirrosis hepática sin tumor.

El cáncer de hígado cursa con hinchazón abdominal.

Causas del cáncer de hígado

Como se ha dicho en líneas previas, el cáncer ocurre cuando se producen mutaciones en células de cualquier parte del cuerpo. En algunas ocasiones este proceso tiene un mecanismo patológico claro, pero en otras muchas no se encuentra un desencadenante exacto. Hay que tener en cuenta que el cáncer es una enfermedad multifactorial que tiene bases tanto genéticas como ambientales.

El carcinoma hepatocelular se asocia a la cirrosis hepática en hasta un 90% de los casos. La cirrosis es una etapa tardía de cicatrización del hígado provocada por muchas enfermedades capaces de dañar al órgano de forma prolongada, como las hepatitis víricas o el alcoholismo patológico. La cirrosis hepática ya es un cuadro grave de por sí, pero empeorar al considerar que aumenta las probabilidades de padecer cáncer.

Algunos de los factores de riesgo principales para el desarrollo de cáncer de hígado son los siguientes:

  • Infección crónica por los virus de la hepatitis B y C: estas hepatitis virales pueden ser agudas o cronificarse durante más de 6 meses. La edad es un factor decisivo en el desarrollo de la enfermedad, pues los niños son más proclives a tener hepatitis virales crónicas. Esta infección puede dañar mucho al hígado, lo que deriva en cirrosis y cáncer.
  • Sobrepeso y obesidad: estudios estiman que hasta el 20% de las muertes asociadas al cáncer en algunas regiones tienen como factor el sobrepeso y la obesidad.
  • Alcoholismo crónico: el uso irresponsable de alcohol es un agente causal en más de 200 trastornos y enfermedades. Entre otras muchas cosas, esta adicción daña al hígado y favorece la aparición de un cáncer precedido de cirrosis.
  • Diabetes: la diabetes tipo 2 no tratada se asocia a un mayor riesgo de cáncer hepático.
  • Enfermedad de hígado graso no alcohólico: en este cuadro, se produce una acumulación patológica en el hígado no derivada del consumo excesivo de alcohol. El colesterol alto y la presión arterial elevada son algunos de los factores de riesgo para el desarrollo de esta condición.

También existen ciertas enfermedades de naturaleza hereditaria que pueden fomentar la aparición de un cáncer de hígado a lo largo de la vida. Si estás en un grupo de riesgo o crees estarlo, no dudes en consultar a tu médico.

Diagnóstico

El diagnóstico del cáncer de hígado temprano es complejo a menos que se esté bajo aviso de un riesgo superior al de la población general. De todas formas, el primer paso casi siempre es acudir al médico ante cualquier síntoma para que lleve a cabo una anamnesis y exploración física general. La ictericia es un síntoma clave que evidencia un problema en el hígado de forma automática, pero no está presente en todos los pacientes.

Ante cualquier sospecha, se pedirá un análisis de sangre. Esta prueba permite evidenciar problemas en el hígado como primer método de cribado. Tras ello, se puede acudir a pruebas de diagnóstico por imagen como ecografías, tomografías computarizadas, resonancia magnética y más. Estos estudios se suelen apoyar en una biopsia (extracción directa del tejido tumoral) para confirmar el cáncer.

Tratamiento del cáncer de hígado

El abordaje clínico una vez se detecta el tumor depende de múltiples factores, como la extensión del tumor, qué porcentaje del hígado se ha visto afectado, si hay metástasis e, incluso, las preferencias propias del paciente. Si el diagnóstico ha sido temprano y el órgano todavía no se ha dañado de forma irreversible, el objetivo del abordaje clínico es eliminar el cáncer.

En los escenarios más positivos, se puede aplicar alguna de las siguientes cirugías:

  1. Hepatectomía: en este caso, se extrae el segmento afectado del hígado. Se espera que el órgano se recupere con el tiempo, pero por esta misma razón no es posible realizar el procedimiento si ya hay una cirrosis avanzada previa.
  2. Trasplante de hígado: el paciente solo es candidato al trasplante de hígado si se cumplen ciertos criterios específicos. La cantidad de donantes es muy limitada, por lo que no todo el mundo entra en lista de espera. Además, cabe destacar que aunque el proceso sea un éxito la esperanza de vida tras un trasplante es limitada.

La ablación por radiofrecuencia, la inyección percutánea de etanol y la radioterapia también son medios posibles para destruir al tumor. El tratamiento elegido dependerá, sobre todo, del criterio de los profesionales médicos encargados.

Por desgracia, no siempre es posible intentar acabar con el cáncer. En otros casos, el objetivo es reducir el tamaño del tumor, evitar su proliferación y mejorar la calidad de vida del paciente durante el mayor tiempo posible. La terapia dirigida y la inmunoterapia son algunos de los procedimientos más usados en este ámbito.

En última instancia, es necesario destacar que el cáncer de hígado reporta un pronóstico pobre en la mayoría de los casos. Incluso en su fase localizada, la tasa de supervivencia tras 5 años del diagnóstico no supera el 35%. Todas las etapas combinadas reportan una supervivencia relativa de un 18%, cifra tan baja como desalentadora. Con estos datos, no es de extrañar que el cáncer de hígado sea el tercero que más muertes causa en todo el mundo.

El diagnóstico de las enfermedades hepáticas es esencial.

El cáncer de hígado es una patología grave y potencialmente letal que puede causar la muerte si no se detecta en sus primeras fases. Ante cualquier síntoma compatible con esta enfermedad, no dudes en acudir a tu médico de confianza y realizar las pruebas pertinentes. A la hora de hablar de cáncer, toda prevención es poca.

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