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Diferencias entre VIH y sida

La infección por VIH no requiere presentación. Tal y como indica el portal profesional UNAIDS, esta enfermedad de transmisión sexual (ETS) ha afectado hasta a 113 millones de personas desde el inicio de su expansión. Vamos más allá, pues más de 40 millones de pacientes han fallecido a causa de ella. Aunque la supervivencia de las personas con VIH a día de hoy esté garantizada si se reciben los tratamientos adecuados, muchas regiones de bajo ingreso siguen sin poder abordar la situación tal y como se necesita.

Informar sobre las ETS es esencial para quitarles el estigma, conocer más sobre ellas y evitar su expansión. En las siguientes líneas, te contamos cuáles son las diferencias principales entre VIH y sida.

El VIH es un virus y el sida una condición

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un lentivirus que causa la infección por VIH. Tiene una forma esférica de aproximadamente 80-100 nanómetros (nm), está constituido por 3 capas y contiene información genética en forma de ácido ribonucleico (ARN). Cabe destacar que existen 2 tipos (VIH-1 y VIH-2), aunque tienen genomas bastante similares. El VIH-1 es más virulento, infeccioso y causa la mayoría de las infecciones en todo el mundo.

En sí mismo, el VIH es un agente patógeno. La condición que causa cuando ingresa en el cuerpo es la infección por VIH. Aunque se suelan utilizar ambos conceptos como intercambiables, es necesario destacar que el VIH en sí no es una enfermedad, sino el microorganismo que la causa.

Por otro lado, el SIDA o síndrome de inmunodeficiencia adquirida es la última etapa de la infección por VIH. Este estado se alcanza cuando el virus ha dañado demasiado el sistema inmunitario del paciente y este no es capaz de combatir condiciones que, en un principio, son leves o asintomáticas. Esta es la primera de las diferencias entre VIH y sida y, sin duda, la más esencial.

No todas las infecciones por VIH causan sida

Durante su expansión por el cuerpo, el VIH ataca a un tipo específico de células del sistema inmunitario, los linfocitos CD4. Este mecanismo es el responsable de la gravedad de la enfermedad. La infección por VIH sin tratamiento evoluciona en 3 fases:

  • Infección aguda: es la etapa más temprana de la infección y, en general, se manifiesta a las 2-4 semanas de contagiarse por el VIH. Los síntomas de esta fase son similares a los de un cuadro gripal, aunque muchas personas son asintomáticas (del 10 al 60%). La concentración del virus en sangre es muy alta.
  • Infección crónica: en esta fase, el virus continúa replicándose y destruyendo al sistema inmunitario, pero en concentraciones bajas. Las personas afectadas pueden no tener síntomas relacionados, aunque durante esta fase los niveles del virus siguen creciendo y la concentración de linfocitos CD4 disminuye.
  • Síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA): si la infección por VIH crónica no se trata, en general se convierte en sida en el transcurso de unos 10 años (a veces más, a veces menos). Las personas infectadas son diagnosticadas con sida si tienen un recuento de células CD4 de menos de 200/mm³ en sangre.

El sida se caracteriza por una carga viral muy alta en sangre y gran capacidad de transmisión. En esta etapa de la enfermedad, el sistema inmunitario del paciente se encuentra debilitado y hay mayor riesgo de tener infecciones graves de tipo neumonía, tuberculosis, candidiasis, condiciones neurológicas, enfermedad hepática y algunos tipos de cáncer, entre otras patologías. Sin tratamiento, las personas con sida no suelen vivir más de 3 años.

Después de toda la información expuesta, es necesario destacar que se puede tener una infección crónica por VIH controlada y nunca desarrollar sida. Con el diagnóstico y los fármacos adecuados, una persona infectada es capaz de llevar una vida completamente normal con una tasa de supervivencia similar a la de otras personas.

Dos conceptos muy diferentes

Las diferencias entre VIH y sida son tanto conceptuales como clínicas. El VIH es un virus que causa una infección, mientras que el sida es la última consecuencia de esta infección si no se trata. Diferenciar ambos términos es esencial, no solo por su importancia médica, sino por sus implicaciones sociales. Decir que una persona infectada con VIH tiene sida es condenarla, aunque sea lingüísticamente, a un futuro que no tiene por qué vivir.

Por ejemplo, una persona de 35 años que tenga un recuento de células CD4 superior a 350 y una carga viral indetectable (por debajo de 400 copias/ml) un año después de comenzar el tratamiento contra el VIH podría esperar vivir hasta los 81 años. En resumen, es posible tener una infección por VIH y nunca tener que enfrentarse al sida.

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