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Dolor crónico: causas, síntomas y tratamiento

El dolor es una sensación desagradable que indica un daño real o potencial. Se trata de una señal del sistema nervioso que nos indica que algo no va bien, por lo que nos anima a alejarnos de estímulos negativos, buscar ayuda profesional antes de que el cuadro se agrave, prestar más atención a los hábitos y mucho más. A pesar de que no suele ser agradable sentir dolor, es un mecanismo de supervivencia esencial.

Todos hemos sentido dolor en algún momento de nuestra vida. De todas formas, en la mayoría de los casos este es agudo, tiene una causa concreta y se resuelve con el abordaje adecuado. Por desgracia, algunos cuadros son mucho más complejos y derivan en un malestar a largo plazo que puede suponer un verdadero desafío a la hora de mantener la calidad de vida. En las siguientes líneas, te contamos todo lo que debes saber sobre el dolor crónico.

¿Qué es el dolor crónico?

La International Association for the Study of Pain (IASP) define el dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a un daño en tejidos real o potencial, o descrita en términos de tal daño. Esta sensación es resultado de la activación de los nociceptores, terminaciones de las células encargadas de su transmisión a otras áreas del sistema nervioso central. El dolor es extremadamente común y hasta el 80 % de la población refiere haberlo padecido en los últimos 6 meses, lo que evidencia lo familiarizados que estamos con él.

El dolor se divide en 2 categorías: agudo y crónico. En general, se considera dolor crónico a aquel que dura más de 3 meses, aunque basta con que cumpla alguna de las siguientes características:

  1. Tiene una duración superior a 3 meses (12 semanas).
  2. Se repite con intermitencia a lo largo de meses o incluso años.
  3. Presenta una duración de más de 1 mes después de que el cuadro causal remita.
  4. Está asociado a enfermedades crónicas (cáncer, diabetes, fibromialgia y más) o, en su defecto, a una lesión que no se cura.

Tal y como indican fuentes epidemiológicas, el dolor crónico afecta, al menos, al 10 % de la población mundial (con picos de 20-25 % según la región). Además, cabe destacar que más del 67 % de los pacientes con dolor crónico padecen un trastorno psiquiátrico asociado. Sin duda, una sensación de malestar constante puede trastocar la calidad de vida de forma irreversible si no se afronta de la forma adecuada.

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¿Cuáles son los tipos de dolor crónico?

Existen muchos tipos de dolor crónico, pero destacamos algunos de los más relevantes y sencillos de comprender en la siguiente lista:

  • Neuropático: este tipo de dolor es el resultado del daño o la disfunción del sistema nervioso periférico o central. Un ejemplo de él es la neuropatía diabética, en la cual los nervios se ven dañados por la acumulación de glucosa en sangre.
  • Nociceptivo: es el dolor clásico, causado por la activación de los nociceptores en situaciones como heridas, traumatismos o roturas. Suele ser agudo y parte de la respuesta normal del organismo, aunque a veces permanece en el tiempo.
  • Musculoesquelético: como el dolor de espalda o el generado por una contractura. Aparece en huesos, músculos, ligamentos y otras estructuras pertenecientes al aparato locomotor.
  • Psicógeno: en este tipo, se evidencia un componente psicológico más que una base física. No resulta de una estimulación nociceptiva ni de alteraciones neuronales, pues el problema central es la amplificación y distorsión que el propio paciente crea a partir de un dolor que pudo ser real en el pasado (o no).

Más allá de estas bases, el dolor crónico se puede clasificar por su agente causal (cáncer, cirugía, daños viscerales y más), curso, intensidad y sensibilidad al tratamiento, entre otros.

Síntomas del dolor crónico

El dolor crónico es una sensación y no un cuadro clínico concreto, por lo que se trata de un síntoma en sí mismo desde el punto de vista más estricto. De todas formas, se puede definir y sentir de distintas maneras según la propia percepción del paciente y la condición que lo causa.

Estos son algunos adjetivos que pueden ayudar a describir el dolor crónico:

  • Pulsátil.
  • Punzante.
  • Ardiente.
  • Palpitante.
  • Asociado a picor/escozor.

Además, el dolor crónico puede acompañarse de un gran abanico de signos y síntomas asociados. Entre ellos, destacan la fatiga, la ansiedad, la depresión, la falta de apetito, la bajada de peso, la líbido baja y la dificultad para conciliar el sueño. Las comorbilidades de esta sensación suelen aparecer de forma gradual y, en ocasiones, causan una pérdida absoluta de autonomía y disfrute. Vamos más allá, pues investigaciones han demostrado una prevalencia vital de suicidio entre el 5 % y el 14 % en aquellos pacientes con dolor crónico.

Causas principales del dolor crónico

El cerebro y la médula espinal componen al sistema nervioso central. Los nervios espinales se encargan de enviar los mensajes de distintas partes del cuerpo al cerebro, el cual se encarga de responder de forma adecuada ante la diversidad de estímulos. Dicho de forma rápida y sencilla, el cerebro actúa como un punto de control, estableciendo cuáles son los estímulos que deben ser abordados, y cuáles no.

Cuando una causa de dolor estimula al sistema nervioso de forma reiterada, la estructura de ciertas fibras y nervios puede verse alterada o provocar una mayor activación, lo que “confunde” al cerebro y desemboca en una percepción del dolor cuando no debería estar presente. Esta hipersensibilidad es uno de los mecanismos por los cuales puede surgir el dolor crónico, pero no el único. Por ejemplo, el dolor crónico también puede ser causado por factores genéticos que interfieren con la diferenciación neuronal, lo que conduce a un umbral de dolor permanentemente reducido.

Más allá de su fisiopatología, es de interés destacar algunas de las enfermedades que más se asocian a la aparición de dolor crónico:

  • Diabetes.
  • Artritis.
  • Cáncer.
  • Trastornos gastrointestinales (como síndrome del intestino irritable).
  • Fibromialgia.
  • Migrañas y cefaleas.
  • Lumbalgia.
¿Cuáles son las señales de una enfermedad renal?

¿Qué hacer ante el dolor crónico?

Antes de nada, es necesario conocer a qué se debe el dolor crónico. Para ello, suele ser necesario someterse a analíticas de sangre, pruebas de diagnóstico por imagen (ecografías, radiografías, tomografías computarizadas, resonancias y más), test de reflejos y equilibrio, pruebas de orina, análisis de líquido cefalorraquídeo, electromiografías, estudios de conducción nerviosa y mucho más. No siempre es sencillo encontrar el desencadenante de dolor y, en algunos casos, este es idiopático (no tiene causa aparente).

En algunos cuadros el dolor crónico se puede tratar y se busca que cese, pero en otros esto no es posible y se opta por un manejo para la reducción de su intensidad y convivencia con él. Todo depende del tipo de dolor experimentado, la causa (si se sabe), la edad del paciente, su estado de salud general y otros factores.

En la siguiente lista se citan de forma somera algunos de los abordajes más comunes del dolor crónico, pero hay que tener claro que este tipo de situaciones suelen requerir un plan específico y personalizado para maximizar las probabilidades de éxito:

  1. Consumo de analgésicos, corticosteroides, anticonvulsivos, relajantes musculares, antidepresivos y otros fármacos para reducir el dolor y otros síntomas asociados.
  2. Estimulación nerviosa eléctrica transcutánea (TENS), una técnica terapéutica con capacidad antiálgica.
  3. Fisioterapia o terapia ocupacional, enfocadas en aliviar el dolor crónico y ayudar a las personas afectadas a mejorar su funcionalidad y autonomía.
  4. Medicina complementaria e integradora, como acupuntura, meditación, quiropráctica, terapia de masaje y más.
  5. Ayuda psicológica, terapia cognitivo-conductual y más.

El abordaje del dolor crónico suele ser multidisciplinar y requiere atención médica, fisioterapéutica y psicológica. Con la ayuda adecuada, en muchos casos es posible recuperar cierta autonomía y bienestar a pesar del malestar.

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