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¿Por qué enfermamos más en otoño e invierno?

Cuando bajan las temperaturas, tendemos a coger más gripes y resfriados. Esta afirmación es incontestable y todos la podemos respaldar con nuestras experiencias personales, pero ¿realmente sabes por qué enfermamos más en otoño e invierno en relación con el resto del año? Quizá la respuesta no es tan obvia como en un principio podría parecer.

Las gripes, los resfriados y otros cuadros víricos experimentan repuntes de incidencia en el hemisferio norte desde octubre hasta abril, con los picos más claros en diciembre y otros meses fríos. ¿A qué se debe este patrón epidemiológico anual tan claro? Te lo contamos en las siguientes líneas.

Resfriado, gripe y su epidemiología

Antes de responder a la pregunta planteada, vemos de interés cimentar conceptos. Los términos resfriado y catarro se aplican a un grupo de infecciones, especialmente de la garganta y la nariz, de naturaleza vírica. La mitad de los cuadros catarrales están causados por rinovirus, aunque los coronavirus, los adenovirus, los enterovirus y otros patógenos también pueden causar síntomas compatibles. Se estima que un adulto medio se acatarra de 2 a 6 veces al año y este cuadro es responsable del 40% del absentismo laboral global.

La gripe también es una infección vírica, pero en este caso causada por los influenzavirus A o B. Cursa con síntomas más debilitantes que el resfriado, ya que suele presentarse con fiebre alta, dolores generalizados (mialgias, artralgias, cefaleas) y, en general, un malestar mayor. Se estima que la incidencia global de la gripe es de un 10-20%. En Estados Unidos, esta infección causa hasta 52 000 muertes anuales, sobre todo en personas ancianas e inmunodeprimidas.

Aunque la gripe y el resfriado sean enfermedades diferentes, comparten ciertas características: ambas son de origen vírico, se transmiten a través del aire por pequeñas gotitas emitidas al toser o estornudar y experimentan picos epidemiológicos similares. Estas infecciones comienzan a presentarse en la población en septiembre-octubre, aumentan su incidencia durante unas semanas y se mantienen altas hasta marzo-abril.

La gripe y el resfriado son más prevalentes en otoño-invierno.

¿Por qué nos enfermamos más en otoño e invierno?

Uno de los mitos más extendidos en lo referente a este tema es que el frío y mojarse causan gripe/catarro. Esto es completamente falso, pues para que ambos cuadros aparezcan es necesaria la transmisión de virus de una persona a otra. El clima no causa estas enfermedades, pero sí puede favorecer su aparición de forma indirecta.

En este punto, cabe destacar que no hay un solo factor que pueda promover al aumento de la incidencia de las infecciones víricas del tracto respiratorio superior durante los meses más fríos del año. Entre las teorías más debatidas, se encuentran las siguientes:

  1. Los cambios conductuales de los humanos durante los meses fríos favorecen la transmisión.
  2. Las condiciones climáticas pueden empeorar la “salud” de nuestro sistema inmunitario, favoreciendo infecciones.
  3. Los virus aguantan mejor en climas fríos.

A continuación, analizamos qué tiene de cierto cada una de estas postulaciones.

1. Con el frío, nos reunimos en espacios cerrados

Cuando llegan el frío y las lluvias, los seres humanos tendemos a hacer más actividades en espacios cerrados. En vez de salir al campo o a la playa, hacemos reuniones dentro de casa, vamos al cine, a bares y a otros lugares donde se puede disfrutar de la calefacción. Curiosamente, este cambio conductual podría ser una de las principales razones por las que nos enfermamos más en otoño-invierno.

El riesgo de infección por un patógeno que se transmite a través de las vías respiratorias aumenta a medida que se incrementa el tiempo en estrecho contacto con otras personas. Tal y como indican los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC), el virus de la gripe puede viajar hasta 180 centímetros por el aire e infectar a nuevos reservorios. Cuanto más se reduce el espacio, más fácil es infectarse.

2. Las condiciones climáticas complican las cosas para nuestro sistema inmunitario

El frío no causa infecciones, pero sí podría llegar a favorecerlas. En situaciones ideales, las barreras físicas (membranas mucosas) presentes en el tracto respiratorio superior son suficiente para prevenir la instauración de virus y bacterias. Según fuentes sanitarias, las temperaturas muy bajas y el viento pueden hacer que estas se resequen, lo que las debilita y dificulta la excreción de desechos. En teoría, esto podría facilitar la instauración de patógenos.

Por otro lado, también es posible que el acortamiento de las horas de luz durante el otoño y el invierno pueda tener algo que ver. La falta de incidencia de los rayos solares sobre nuestra piel podría desembocar en un déficit de vitamina D y melatonina y, en su defecto, en un peor desempeño del sistema inmunitario. Aun así, se requiere más investigación para convertir esta teoría en afirmación.

3. Los virus soportan mejor el frío

En último lugar, hay que destacar que los virus causantes de la gripe y el resfriado parecen resistir mejor las temperaturas bajas ambientales en comparación con las altas. Esto se ha investigado, sobre todo, teniendo en cuenta los requerimientos del virus de la gripe.

Su estructura es más estable en condiciones frías y la tasa de transmisión es muy eficaz a 5 °C ambientales, pero cuando hace calor (30 °C) esta parece bloquearse o es ineficiente. Curiosamente, todo parece indicar que la sequedad (humedad relativa del 35% o menos) también facilita la transmisión de la gripe. En conclusión: el clima frío y seco les viene bien a estos virus para “saltar” de una persona a otra.

Una persona tosiendo.

Como puedes ver, los motivos por los que nos enfermamos más en otoño y en invierno no están del todo claros. De todas formas, las teorías citadas tienen gran sentido y, desde luego, cada día hay más evidencias científicas que las respaldan. Todo parece indicar que la respuesta a esta pregunta radica en un cúmulo de factores que actúan en conjunto para favorecer que nos pongamos malos en los meses más fríos.

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