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Genética y deporte

La actividad física regular reduce el riesgo de padecer diversas enfermedades y condiciones, como la hipertensión arterial, la diabetes mellitus tipo 2, la dislipemia, la enfermedad de las arterias coronarias, el accidente cerebrovascular y el cáncer, entre otras muchas. La mortalidad por todas las causas se reduce entre un 30 y un 35% en aquellos que practican deporte en comparación con la población general.

Se estima que hasta el 58% de la gente querría hacer más deporte, pero la forma física o los horarios ajetreados lo impiden. Aunque la práctica mejore el desempeño en todos los casos, los genes pueden decir mucho a la hora de explicar el rendimiento deportivo individual. ¿Quieres saber cómo se relacionan la genética y el deporte? ¡Sigue leyendo!

¿Qué es el rendimiento deportivo?

El término rendimiento hace referencia a la relación entre los medios que se emplean para lograr un objetivo y el resultado que se obtiene en realidad. Teniendo esta definición inicial en mente, es fácil llegar a la conclusión de que el rendimiento deportivo se relaciona con la eficiencia y la capacidad para obtener los mejores resultados en la práctica física con el menor uso de recursos posible.

El rendimiento deportivo es un rasgo complejo que viene dictaminado por múltiples factores. Algunos de ellos son congénitos y se explican por la fisiología propia y la genética, mientras que otros se pueden definir por el ambiente, las decisiones personales, el desempeño y mucho más. Algunos de los moduladores más importantes a la hora de justificar este rendimiento son los siguientes:

  • Proporción corporal: este es uno de los pocos factores que no se pueden controlar en el desempeño deportivo. La altura, el tamaño de las manos, la fisiología de la columna y otros muchos más atributos físicos congénitos pueden dictaminar en qué deportes se va a destacar a lo largo de la vida.
  • Entrenamiento: el entrenamiento hace la (casi) perfección. Solo por salud preventiva, se recomienda hacer entre 30 y 60 minutos de ejercicio moderado entre 3 y 5 veces por semana. Dependiendo de los objetivos y las necesidades de cada deporte, puede ser necesario aumentar este rango, pero siempre teniendo en cuenta la intensidad del ejercicio.
  • Flexibilidad: la flexibilidad es la capacidad articular para realizar un movimiento con la mayor aptitud posible. La eficacia de estiramiento de los músculos implicados tiene mucho que ver en este frente. Aunque la genética dictamine la fisiología, el entrenamiento puede mejorar los resultados.
  • Resistencia: la resistencia física se define como la capacidad de llevar a cabo una actividad o esfuerzo durante el mayor tiempo posible. De nuevo, se ve dictaminada tanto por la genética como por el desempeño y el entrenamiento.

Todos los factores citados se ven influidos por la genética. Nuestros genes codifican cómo vamos a ser físicamente, la “calidad” de nuestros tejidos y órganos, la capacidad para adecuarnos a las actividades deportivas y mucho más.

El deporte aumenta la esperanza de vida.

¿Cuál es la relación entre rendimiento deportivo y genética?

Los genes y el desempeño deportivo están directamente relacionados. Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, los factores genéticos explican entre el 30 y el 80% de las diferencias entre los individuos en los rasgos relacionados con el rendimiento deportivo.

Más de 200 genes se asocian de manera rutinaria con la actividad física. Vamos más allá, pues más de 20 variantes están vinculadas con la capacidad de ser deportista de élite. A continuación, explicamos aquellos más conocidos.

ACE

El gen ACE codifica las instrucciones para la síntesis de la enzima convertidora de angiotensina. Esta es producida por diversos tejidos corporales, como aquellos implicados en el sistema nervioso central, los riñones y los pulmones. Dicho de forma rápida y sencilla, la enzima convertidora de la angiotensina es esencial para la regulación de la función cardiovascular y renal, o lo que es lo mismo, el balance de electrolitos en los líquidos corporales y el funcionamiento del corazón y el aparato sanguíneo.

Las variaciones en el gen ACE son de gran interés a la hora de explicar el rendimiento deportivo. El alelo ACE I (con inserción) se asocia con una menor actividad del gen en suero y tejidos, mientras que el alelo ACE D (con deleción) se vincula con una mayor actividad típica del gen.

Estos términos pueden sonar complejos, pero se resumen en la siguiente idea: el genotipo ACE I/I (ambas copias del gen, una proveniente de la madre y otra del padre, tienen inserciones) se ha vinculado con una mayor resistencia y eficiencia a la hora de practicar ejercicio físico. Por otro lado, el genotipo ACE D/D (ambos alelos tienen deleciones) destaca por una mayor fuerza y rendimiento de potencia.

ACTN3

El gen ACTN3 codifica las instrucciones para la síntesis de una proteína conocida como alfa-actinina-3, la cual se encuentra sobre todo en tejidos musculares de contracción rápida. Una variante específica del ACTN3, conocida como R577X, lleva a la producción de alfa-actinina-3 más pequeña de lo normal. Si ambos alelos (recordamos, una copia de la madre y otra del padre) presentan esta variante, se conocen como R577XX y tienen una deficiencia total de esta proteína, lo que hace que la proporción de fibras de contracción rápida sea menor (sin llegar a la enfermedad).

Curiosamente, la frecuencia del genotipo R577XX es más común en deportistas de alta resistencia (ciclistas y corredores de larga distancia) que en la población general, tal y como indican estudios. El genotipo contrario, R577RR, parece ser más usual en aquellos profesionales que practican actividad física que requiera fuerza o velocidad a cortas distancias.

El rendimiento deportivo viene codificado por muchos factores.

Sabemos que los términos aquí manejados pueden sonar abrumadores, pero la idea central es sencilla: ciertas variaciones en genes pueden hacer que nos sea algo más sencillo realizar algunas actividades físicas en comparación con otras. El terreno de la genética y el deporte continúa en expansión, así que se espera que se descubran más vínculos entre nuestro ADN y el desempeño a la hora de hacer actividades físicas.

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