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Obesidad y nutrigenética: ¿están relacionadas?

Obesidad significa tener un exceso de grasa en el cuerpo con respecto a ciertos valores estandarizados. Los National Institutes of Health de Estados Unidos reconocen esta condición como una enfermedad crónica desde el año 1998, pero cada día se conocen más datos y dinámicas que ponen en tela de juicio los conocimientos sobre el exceso de peso. La obesidad y la nutrigenética están ampliamente correlacionadas y no se puede entender una sin la otra.

¿Hasta qué punto el peso se puede explicar solo por los hábitos? ¿Por qué algunas personas comen cantidades considerables de alimento y engordan “menos” que otras? ¿Es más probable ser obeso si un familiar también lo es? El estudio de los genes da respuestas a estas cuestiones y otras muchas. Compruébalo en las siguientes líneas.

¿Qué es la nutrigenética y cómo nos influye?

Es de sobra conocido que no todos respondemos de la misma manera a la ingesta de alimentos. Los requerimientos nutricionales varían entre personas según diversos parámetros: diferencias en el tamaño corporal, sexo biológico, edad, actividad física y más. De todas formas, si se homogeneizan todas estas características propias “externas”, hay dinámicas residuales con la dieta que solo se pueden explicar por la genética. 

La nutrigenética toma esta idea como uno de sus pilares centrales y estudia cómo las distintas variantes de los genes influyen en la respuesta a la dieta, el metabolismo de los nutrientes y las enfermedades asociadas a la nutrición. El objetivo de esta disciplina de la genética es poder prevenir y tratar a las personas de modo individualizado según su mapa genético.

El peso depende de muchos factores.

En este punto, es necesario destacar que los seres humanos tenemos (por norma) el mismo número de cromosomas, pero la información contenida en ellos varía. Las secuencias de ADN pueden presentarse en 2 o más variantes frecuentes, las cuales se conocen como “polimorfismos”. Los más comunes son los polimorfismos de un solo nucleótido (SNPs). Estos polimorfismos son de gran interés en la respuesta a la dieta.

Se han identificado diversos polimorfismos de importancia para la nutrición, los cuales se categorizan en los siguientes grupos:

  • GRUPO I: genes implicados en el control central de la ingesta.
  • GRUPO II: genes asociados a la regulación de la termogénesis.
  • GRUPO III: genes relacionados con procesos proinflamatorios en tejido adiposo.
  • GRUPO IV: genes implicados en el desarrollo de resistencia a la insulina.
  • GRUPO V: genes asociados al riesgo cardiovascular y cardiometabólico.

Además de la estructura ósea y la quema de grasas, la obesidad está directamente correlacionada con la nutrigenética. Aunque se suele decir que el aumento de peso es una elección basada en los hábitos, este juicio se demuestra cada vez más como erróneo.

La obesidad y la nutrigenética

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad es una enfermedad crónica, caracterizada por el aumento de la grasa corporal, asociada a mayor riesgo para la salud. Desde el año 1975, esta condición se ha triplicado en todo el mundo y reporta cifras cada vez más alarmantes. Sin ir más lejos, en el 2016 se calculaba que el 39 % de las personas de 18 años o más tenían sobrepeso y que el 13 % eran obesas.

El índice de masa corporal (IMC) es un parámetro muy conocido a la hora de hablar del peso. Esta razón matemática asocia la masa y la talla de las personas, clasificándolas en las siguientes categorías: infrapeso, peso normal, sobrepeso y obesidad. Se considera que alguien tiene sobrepeso cuando su IMC es superior a 25 y que es obeso cuando alcanza un valor de 30 o más. A pesar de su amplia utilización, cabe destacar que el IMC no es del todo exacto. Por ejemplo, no tiene en cuenta el porcentaje de grasa corporal.

Como muchas otras condiciones, la obesidad es el resultado de la relación entre los genes y el ambiente. Según estudios, los polimorfismos en diversos genes se pueden asociar a la ganancia de peso y la distribución de grasa corporal. De todas formas, no siempre es fácil encontrar una relación de causalidad directa.

Genes asociados a la obesidad

Se estima que la heredabilidad de la obesidad es del 40 al 70 % y más de 244 genes se han asociado a su aparición en modelos experimentales. Algunos de los más relevantes son los siguientes:

  • ADIPOQ: ciertas variantes en este gen se han asociado con alteraciones metabólicas relacionadas con la obesidad en diferentes poblaciones. En algunas personas, las mutaciones en este gen se traducen en una deficiencia de adiponectina, citoquina que regula el metabolismo energético y estimula la oxidación de ácidos grasos.
  • FTO: este gen codifica la proteína FTO, asociada a la obesidad por su implicación en mecanismos de saciedad, ganas de comer y ansiedad ante la restricción de alimentos.
  • PCSK1: se ha confirmado que ciertas mutaciones en este gen se asocian a la aparición de obesidad.
  • MC4R: este gen codifica para el receptor 4 de la melanocortina, cuya activación se ha asociado con la supresión de la ingesta de alimentos. Su falta de funcionalidad se presenta en el 3-5 % de las personas con obesidad mórbida de comienzo precoz.

Estos son solo algunos de los genes vinculados con el componente hereditario de la obesidad, pero hay muchos más (LEPR, INSIG2 y PPARG, entre otros). De todas formas, es necesario destacar que los genes predisponen, pero el ambiente determina. Una gran parte del peso corporal se puede explicar por el ejercicio, el tipo de comida ingerida, los hábitos generales y otros factores que sí son controlables.

Los genes afectan al control de la ingesta y otros muchos procesos asociados a la dieta.

En resumidas cuentas: la obesidad y la nutrigenética están cada vez más relacionadas, pues se demuestra que los genes son mucho más determinantes en el peso de lo que se creía en tiempos antiguos. Si se conocen los mecanismos subyacentes a la deposición de grasas y otros muchos factores propios, se podrán establecer tratamientos personalizados para cada paciente con el fin de mantener su salud.

Este conocimiento cada vez más claro de la obesidad también reporta información social muy valiosa: no todas las personas tenemos los mismos cuerpos ni debemos aspirar a una talla “perfecta”. En muchos casos, el mejor camino es tratar de mantenerse sano, independientemente del IMC y otros parámetros cada vez más en desuso.

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