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Hemograma: ¿qué es y para qué sirve?

La sangre es un tejido vivo formado por elementos tanto líquidos como sólidos. Circula por las venas, las arterias y los capilares de los vertebrados y desempeña una función primordial para la supervivencia: transportar oxígeno y nutrientes a todas las partes del cuerpo. También se encarga de recoger el dióxido de carbono y las sustancias de desecho para que puedan ser excretadas al exterior. Los seres humanos tenemos entre 4,5 y 6 litros de sangre circulante en el organismo.

Las características de la sangre arrojan una gran cantidad de información útil para el profesional de salud. Desde un cáncer hasta un fallo en el riñón, la analítica sanguínea es uno de los primeros pasos a la hora de diagnosticar muchas patologías. Aquí se recogen los tipos, características y usos del hemograma.

¿Qué es un hemograma?

En el ámbito de la medicina, el hemograma se concibe como un conjunto de pruebas realizadas en un laboratorio médico para obtener información sobre número, composición y proporciones de los componentes celulares de la sangre. Es uno de los procedimientos básicos en la atención primaria y permite detectar diversos desajustes orgánicos o patologías antes de que se presenten de forma sintomática.

El hemograma completo, conocido en inglés como complete blood count (CBC), mide diversos parámetros en la sangre del paciente. Se desglosan a continuación.

Cantidad de glóbulos rojos (conteo de GR)

Los glóbulos rojos son células sanguíneas que, gracias a la hemoglobina, transportan sangre desde los pulmones a todas las partes del cuerpo. Por tanto, la oxigenación de los tejidos depende en gran parte del número y la funcionalidad de glóbulos rojos circulantes.

Los rangos normales de glóbulos rojos son los siguientes:

  • De 4,7 a 6,1 millones de células por microlitro (células/μl) en hombres.
  • De 4,2 a 5,4 millones de células/μl en mujeres.

Una concentración de glóbulos rojos más baja de lo normal puede deberse a varias enfermedades. Entre ellas, se encuentran las siguientes:

  • Anemia: es un síndrome que se caracteriza por la disminución del número o tamaño de los glóbulos rojos sanguíneos. Existen muchos tipos de cuadros anémicos y pueden deberse a varias causas, como la deficiencia de hierro en la dieta, la falta de vitaminas, diversos defectos durante la fabricación de glóbulos rojos y trastornos autoinmunitarios, entre muchos otros.
  • Sangrado: una herida abierta en un órgano interno, un cáncer y otras muchas patologías pueden provocar sangrados continuos.
  • Insuficiencia de la médula ósea: puede estar causada por radiación, toxinas o tumores, entre otras muchas cosas.

Los glóbulos rojos son de especial interés en el hemograma.

Cantidad de glóbulos blancos (conteo de GB)

Los glóbulos blancos son cuerpos sanguíneos y linfáticos que se producen en la médula ósea. Son parte del sistema inmunitario del cuerpo, defienden el organismo de las infecciones y ayudan a eliminar los desechos y los residuos de los tejidos.

Los rangos de glóbulos blancos circulantes dependen del tipo, pero los valores normales totales se establecen entre 4500 y 11 000 células por microlitro de sangre. A continuación, se desglosan las cifras específicas:

  • Basófilos: su principal función es la liberación de histamina para que se lleve a cabo la respuesta inflamatoria. Representan el 0,4 % de los glóbulos blancos en adultos y el rango normal se encuentra entre 0 y 200 unidades por microlitro de sangre.
  • Eosinófilos: juegan un papel de defensa del huésped frente a microorganismos no fagocitables y modulan la respuesta alérgica inflamatoria, entre otras muchas funciones. Representan el 2,3 % del total y el rango normal se encuentra entre 40 y 500 células por microlitro de sangre.
  • Linfocitos: son las células del sistema inmunitario más conocidas y se escinden en 2 tipos (B y T) según su funcionalidad. Suponen el 30 % del total y los valores normales están entre 1000 y 4800 por microlitro de sangre.
  • Neutrófilos: son unas de las primeras células inmunitarias al reaccionar cuando entran al cuerpo microorganismos patógenos. Suponen el 62 % de los glóbulos blancos circulantes y el intervalo normal está entre 2000 y 7500 por milímetro cúbico de sangre.
  • Monocitos: son células inmunitarias que viajan por la sangre hasta los tejidos del cuerpo, donde se convierten en macrófagos o células dendríticas. Suponen el 5,3 % del total y sus valores normales están entre 300 y 900 por milímetro cúbico de sangre.

Una cantidad más baja de lo normal de glóbulos blancos se conoce como leucopenia. Puede deberse a una deficiencia de la médula ósea, ciertos trastornos autoinmunitarios, enfermedades bacterianas muy graves, patologías del hígado o del bazo y muchas cosas más.

Por otro lado, una concentración excesiva de glóbulos blancos en sangre se conoce a nivel clínico como leucocitosis. El consumo de tabaco, las infecciones bacterianas, la leucemia, el daño tisular, el embarazo y otras muchas enfermedades pueden provocar leucocitosis.

Hemoglobina

La hemoglobina es una proteína de los glóbulos rojos que transporta oxígeno desde los pulmones al resto del cuerpo. Los rangos normales dependen del parámetro en específico que se analice, pero en general oscilan de 13,8 a 17,2 gramos por decilitro (g/dL) de sangre en hombres y de 12,1 a 15,1 g/dL en mujeres. En bebés y niños, los resultados comprendidos en la normalidad pueden variar algo más.

La hemoglobina baja puede deberse a muchas causas. Entre ellas, destacan la anemia hemolítica, el sangrado del tubo digestivo, la enfermedad renal crónica, la leucemia, una nutrición deficiente y diversas enfermedades que se extienden en el tiempo. Por otro lado, una cantidad elevada de hemoglobina en sangre casi siempre encuentra su causa en los niveles bajos de oxígeno en sangre, ya sea por cardiopatías, insuficiencias o enfermedad pulmonar obstructiva crónica grave.

Hematocrito

El hematocrito es el porcentaje que ocupa la fracción sólida de una muestra de sangre anticoagulada al separarse de la parte líquida, es decir, el plasma. Dicho de forma rápida y sencilla, este parámetro cuantifica la cantidad del volumen de la sangre ocupado por los glóbulos rojos, respecto al ocupado por la sangre total.

Los valores medios varían entre el 41-53 % en los hombres y el 36-46 % en las mujeres. De todas maneras, las cifras pueden cambiar por diversos factores fisiológicos no necesariamente asociados a la enfermedad. La edad, la condición física, la altitud e incluso la postura son parámetros capaces de modificar el hematocrito.

Otros parámetros que se pueden medir en el hemograma

Además de estos 4 parámetros principales, el hemograma también realiza otras mediciones. Se destacan las siguientes:

  • Tamaño promedio de los glóbulos rojos (VCM): este valor se conoce como volumen corpuscular medio y representa, como su propio nombre indica, el volumen promedio que ocupa un glóbulo rojo. El rango normal es de 80 a 100 fl (femtolitros).
  • Cantidad de hemoglobina por glóbulo rojo (HCM): la HCM o hemoglobina corpuscular media determina la cantidad de hemoglobina (en masa) existente por cada glóbulo rojo. El resultado normal oscila entre 23 y 31 pg (picogramos).
  • Concentración de hemoglobina corpuscular media (CHCM): este parámetro expresa la cantidad de hemoglobina contenida en un determinado volumen de sangre.

¿Para qué se usa un hemograma?

El hemograma es un tipo de análisis rutinario en el ámbito clínico, pues tiene muchos usos:

  1. Controlar la salud general del paciente: toda persona debe realizarse al menos un análisis de sangre básico al año. Aunque no sea un método diagnóstico exclusivo, sí permite detectar problemas antes de que aparezcan síntomas o la condición se cronifique.
  2. Supervisar un tratamiento médico: algunos medicamentos afectan al recuento de células sanguíneas. Los hemogramas son de gran utilidad en este caso para controlar la progresión del paciente.
  3. Diagnosticar y controlar una enfermedad: el cansancio, el sangrado inusual, las extremidades frías y la piel pálida son algunos de los síntomas más comunes que ameritan la realización de un hemograma. Una vez se detecta una enfermedad con esta y otras pruebas diagnósticas, es posible controlarla.

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En última estancia, cabe destacar que el hemograma no es casi nunca un proceso diagnóstico definitivo. Los resultados deben ser interpretados por un profesional de la salud y él establecerá si es necesario (o no) hacer un seguimiento. En caso de que se sospeche de una enfermedad, serán necesarias más pruebas para llegar al diagnóstico definitivo.

 

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