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Osteomielitis en niños

Los huesos son esenciales para el funcionamiento del cuerpo humano. Cumplen muchísimas funciones: sostener los músculos, permitir el mantenimiento de la postura, acumular calcio y mucho más. Aunque estén cubiertos por múltiples tejidos, las estructuras óseas también pueden llegar a sufrir daños. Por ello, y más allá de las fracturas, las infecciones bacterianas en el entorno óseo merecen ser conocidas. Te lo contamos todo sobre la osteomielitis en niños.

Los huesos sanos e intactos son resistentes a las infecciones. Por desgracia, en ocasiones una fractura previa, una infección en otra parte del cuerpo o una herida pueden hacer que se desarrolle osteomielitis. Esta condición es especialmente común en la población infantil y tiene una gran relevancia clínica.

¿Qué es la osteomielitis en niños?

El término osteomielitis describe la infección de los huesos por bacterias u otros microorganismos (hongos o micobacterias, por ejemplo). Es un proceso inflamatorio agudo o crónico que, en niños, afecta sobre todo a los huesos largos de los brazos o de las piernas. Las regiones que más se vinculan con este cuadro son la tibia y el fémur. Aun así, puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo.

Según estudios recientes, la osteomielitis infantil afecta de 9 a 12 niños por cada 100 000 en determinados sectores poblacionales. El avance en el terreno de las pruebas de diagnóstico con imagen ha hecho que, en los últimos años, esta enfermedad se pueda diagnosticar con mucha mayor fiabilidad.

Causas de la osteomielitis en niños

Las bacterias pueden llegar a los huesos del niño o bebé de varias formas. Entre todas ellas, destacamos las siguientes:

  • Osteomielitis hematógena: es una variante infrecuente, pero de gran importancia. En este caso, la infección comienza en otra parte del cuerpo y se disemina hacia el hueso por el torrente sanguíneo.
  • Cirugía: si el ambiente no está lo suficientemente higienizado, es posible que las bacterias entren en contacto con los huesos a través de un procedimiento quirúrgico. Esto puede ocurrir, por ejemplo, al corregir una fractura o reemplazar articulaciones.
  • Lesiones: las bacterias pueden ingresar en el organismo a través de una lesión. Las fracturas abiertas son las causantes más comunes de la osteomielitis en general.
  • Entrada de un objeto punzante a través de la piel: las mordeduras humanas o de animales también son un claro factor de riesgo para el desarrollo de este tipo de infección.

La osteomielitis es más habitual en niños menores de 5 años, pero puede ocurrir a cualquier edad. Curiosamente, los varones son hasta el doble de proclives de padecer esta condición en comparación con las niñas. Las infecciones óseas no son contagiosas en sí, pero los microorganismos que las causan sí pueden llegar a transmitirse de una persona a otra.

Con mucha diferencia, la bacteria que más causa osteomielitis infantil es Staphylococcus aureus, seguida de Streptococcus pyogenes y S. pneumoniae. Por su parte, Haemophilus influenzae suele afectar más a las articulaciones que a los huesos.

El síndrome de San Filippo cursa con síntomas diversos.

Síntomas

El síntoma más usual de la osteomielitis es el dolor en el hueso afectado. Más allá de este signo tan evidente, citamos los siguientes:

  • Fiebre.
  • Escalofríos.
  • Sudoración excesiva.
  • Enrojecimiento e hinchazón en el lugar afectado.
  • Molestia e inquietud.
  • Hinchazón de la extremidad afectada.
  • Reluctancia a caminar.

Según la edad, los signos y síntomas pueden variar (sobre todo a nivel comportamental). Por ejemplo, los bebés suelen desarrollar rechazo a comer, irritabilidad en forma de llanto y “peudoparálisis” del miembro afectado. Los niños pequeños con capacidad de dicción pueden localizar el dolor y expresarlo algo mejor.

Diagnóstico de la osteomielitis en niños

Es necesario ir al médico ante cualquier sospecha de dolor óseo en el niño. Como otras muchas infecciones, la osteomielitis se puede complicar hasta límites graves en cuestión de días u horas, así que hay que ser lo más rápido posible. El primer paso en clínica en todos los casos es el examen físico y la anamnesis (preguntar a los padres las sensaciones percibidas).

Una vez se ha comenzado el camino del diagnóstico, pueden ser necesarias las siguientes pruebas:

  1. Análisis de sangre: si la cantidad de los glóbulos blancos está por encima de lo normal, es posible que haya una infección.
  2. Cultivo de sangre: este análisis permite conocer si hay bacterias en la sangre. Confirma la sospecha de que la infección es sistémica y se requiere un tratamiento inmediato.
  3. Biopsia ósea: se extrae una pequeña porción del hueso para observarla y confirmar el cuadro clínico.
  4. Técnicas de diagnóstico por imagen: los rayos X, las ecografías, las resonancias magnéticas y otras muchas técnicas pueden ayudar a observar la causa y extensión del daño en los huesos.

¿Cómo se trata la osteomielitis en niños?

El tratamiento de la osteomielitis en niños depende de muchos factores: la edad, el estado general de salud, la gravedad de su infección y la posible recurrencia (si es aguda o crónica). De todas formas, el objetivo siempre es el mismo: detener la infección y reducir los posibles daños tanto en los huesos como en los órganos circundantes.

La clindamicina y las cefalosporinas son los antibióticos de elección en casi todos los casos. Es necesario que el niño esté hospitalizado durante unos días-semanas para que los profesionales médicos puedan inyectarle la medicación por vía intravenosa y monitorizar su estado de salud general.

Una vez mejore, la vuelta a casa es posible. De todas formas, la toma de antibióticos suele prolongarse durante al menos un mes, dependiendo de los síntomas y la evolución del niño. Aunque la respuesta a la terapia farmacológica sea positiva, esta infección se cura de forma lenta y hay que asegurarse al 100% de que todo ha ido bien antes de suspender el tratamiento.

La faringitis estreptocócica puede tener muchas causas.

Detectar los síntomas de la osteomielitis en niños es complejo, ya que muchos no son capaces de localizar su dolor o de comunicarlo de forma clara. Por ello, ante cualquier indicio de dolor óseo o sospecha, lo mejor es acudir al centro de urgencias. Este tipo de infecciones se pueden complicar mucho y muy rápido si no se toman las medidas adecuadas a tiempo.

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