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¿Qué es la hiperhidrosis?

Todos los seres humanos sudamos como mecanismo de termorregulación. Este evento fisiológico es uno de los muchos que ponemos en marcha de forma inconsciente cuando hace calor, junto con la vasodilatación cutánea, la necesidad de consumir agua y muchos cambios comportamentales. Aunque sudar sea natural, en algunos casos sucede de manera excesiva y puede llegar a generar malestar a nivel social y emocional. Este cuadro se conoce como hiperhidrosis.

Tal y como indican estudios, la hiperhidrosis afecta de media al 3 % de la población en regiones como Estados Unidos. Además, es mucho más común en personas adultas entre 20 y 60 años de edad. Conocer esta condición es esencial para tratarla o, en su defecto, convivir con ella y aprender a paliar los síntomas. ¡No dejes de leer!

¿Qué es la hiperhidrosis?

La sudoración es la liberación de un líquido salado por parte de las glándulas sudoríparas como medio de refrigeración corporal. En los seres humanos, este mecanismo fisiológico es esencial para la regulación térmica. Algunos de los eventos que la ponen en marcha son las temperaturas ambientales altas, la práctica de ejercicio físico, el exceso de peso corporal, ciertas emociones (como la vergüenza o el nerviosismo) y el consumo de algunos alimentos picantes, entre otros.

La sudoración excesiva o hiperhidrosis es una enfermedad en la que se suda en ausencia de los desencadenantes típicos. Las personas con hiperhidrosis tienen unas glándulas sudoríparas hiperactivas, lo que desemboca en una producción de sudor fuera de lo normal y en momentos no justificados. Esto puede llevar a una molestia significativa en el paciente, tanto física como social y emocional.

La hiperhidrosis se divide en 2 grandes grupos a nivel etiológico:

  • Focal: ocurre en puntos concretos del cuerpo, como las palmas de las manos, las plantas de los pies, las axilas o la frente. Las causas de este tipo de sudoración excesiva suelen ser emocionales. La hiperhidrosis palmar, la hiperhidrosis axilar y la hiperhidrosis craneofacial se encuentran en este grupo.
  • Generalizada: afecta a casi toda la superficie corporal. Sus causas suelen ser desconocidas.

Las glándulas productoras de sudor reciben información y estímulos de la inervación simpática a través de fibras colinérgicas. La hiperhidrosis conlleva una hiperactivación del sistema nervioso simpático, aunque no siempre se conoce la causa real de este evento.

¿Qué causa la hiperhidrosis?

En este punto, cabe destacar que la hiperhidrosis puede ser primaria o secundaria. La primaria es aquella que no ha sido desencadenada por una enfermedad previa y es de naturaleza focal. Es la variante más frecuente y ocurre, sobre todo, en manos, pies, axilas y cara. Persiste durante unos años, pero en algunos casos se observa cierta tendencia hacia la mejoría con el tiempo. Hasta el 40 % de las personas afectadas con esta variante tienen un familiar que también la padece, por lo que tiene un claro componente hereditario.

La naturaleza de la hiperhidrosis primaria es idiopática (desconocida), pero sí se pueden encontrar ciertos factores que desencadenan la sudoración excesiva. Es común que los pacientes se quejen de sudar por nervios, pero es la propia sudoración la que genera los nervios en primera instancia. Más allá de la ansiedad, otros desencadenantes son ciertos olores y sabores, calor o daño en la médula espinal.

La hiperhidrosis secundaria generalizada, por otro lado, es aquella que sí tiene una enfermedad previa como causa. Entre los múltiples desencadenantes patológicos, encontramos los siguientes:

  • Disautonomía: es una alteración del sistema nervioso autónomo (SNA). No se trata de una enfermedad concreta, pero sí engloba a un conjunto sintomático que puede deberse a múltiples causas.
  •  Infecciones: la tuberculosis, por ejemplo, además de dolor torácico y esputos sanguinolentos cursa con sudoración nocturna general y excesiva.
  • Linfoma de Hodgkin: un tipo de cáncer que se desarrolla en el sistema linfático.
  • Menopausia: aunque no se trate de una enfermedad en sí, la menopausia también puede cursar con una sudoración excesiva generalizada.
  • Trastornos metabólicos: diversos desajustes fisiológicos en el cuerpo cursan con sudor desproporcionado. Entre ellos, destacan el hipertiroidismo, la diabetes, la gota y las patologías de la pituitaria.
  • Consumo de medicamentos: algunos antidepresivos e insulinas se asocian a la hiperhidrosis secundaria.

Síntomas generales de la hiperhidrosis

Todos sudamos en momentos de calor excesivo o al hacer ejercicio. Esto es completamente normal y no hay que preocuparse. De todas formas, la sudoración excesiva fuera de la norma sí que puede desencadenar ciertos signos y síntomas, tanto físicos como emocionales. Algunos de los más comunes son los siguientes:

  • Aparición de manchas de sudor en la zona afectada. Estos signos incluyen empapar la camiseta, encharcar los zapatos por dentro y más.
  • Picor e inflamación en la zona afectada debido al exceso de sudor.
  • Mal olor corporal, resultado de la interacción entre las colonias bacterianas de la piel y el ambiente húmedo.
  • Cambios en la piel, como resquebrajamiento o decoloración.
  • Maceración de las plantas de los pies como resultado de una exposición prolongada al exceso de humedad.

La hiperhidrosis focal suele aparecer en ambos lados del cuerpo (las 2 manos o los 2 pies) de modo simultáneo. Por otro lado, es común que la variante generalizada se manifieste durante la noche. Este último escenario se conoce como hiperhidrosis nocturna.

¿Cómo se diagnostica?

La hiperhidrosis puede generar mucho complejo y vergüenza en el paciente. Por ello, en muchos casos no se atreve a contar su situación y el diagnóstico se retrasa o nunca llega. Si te has visto reflejado/a en los síntomas citados hasta ahora, te animamos a que acudas a tu médico de confianza. Lo primero que este hará será preguntarte sobre tu condición: cuánto tiempo llevas sudando de forma anormal, cuándo ocurre, cómo te sientes y más.

Varias pruebas pueden confirmar la hiperhidrosis. Destacamos las siguientes:

  1. Prueba de almidón-yodo: este análisis se basa en aplicar una solución de yodo en el área sudorosa y rociar almidón sobre ella. Donde se tiene exceso de sudor, la solución se vuelve color azul oscuro.
  2. Prueba del papel: se aplica una película de papel sobre la zona afectada. Luego, se pesa para ver la cantidad de sudor que ha absorbido.

También puede ser necesario llevar a cabo otros análisis accesorios más específicos, como uno de sangre. Esto se hace con el fin de descartar otras enfermedades como causa.

¿Cómo se trata la hiperhidrosis?

El tratamiento de la hiperhidrosis secundaria generalizada depende de la causa subyacente. Cuando esta se elimina, la sudoración excesiva debería parar. No nos vamos a detener en los abordajes concretos en este grupo, pues varían mucho según la patología causal.

Por otro lado, la hiperhidrosis focal se puede abordar de muchas formas, pero no todas reportan éxito. Te mostramos algunos de los tratamientos de esta enfermedad en la siguiente lista:

  • Iontoforesis: esta técnica se basa en la utilización de una corriente unidireccional con el fin de disminuir la sudoración. Es una opción para las personas que no responden bien a los tratamientos tópicos convencionales.
  • Hexahidrato de cloruro de aluminio: este compuesto se utiliza como antitranspirante en la hiperhidrosis palmo-plantar. Es un tratamiento tópico que requiere receta médica para su utilización.
  • Fármacos anticolinérgicos orales: estos medicamentos pueden ayudar a algunos pacientes, pero conllevan ciertos efectos secundarios que no se pueden obviar. Consulta con tu médico los pros y los contras de empezar a tomarlos.
  • Toxina botulínica de tipo A: la inyección directa de esta toxina en la zona afectada puede reducir considerablemente la sudoración durante un periodo de 5 meses. Es un tratamiento eficaz, pero algo doloroso, muy caro y con necesidad de recurrencia (2-3 veces al año).
  • Cirugía: este abordaje quirúrgico solo se recomienda si fallan otros tratamientos más conservadores. Dependiendo del lugar afectado, se opta por la extracción de las glándulas sudoríparas o la simpatectomía endoscópica transtorácica, la cual se basa en desconectar los nervios estimuladores de las glándulas. Este último proceso es bastante más complicado de lo que parece y no siempre funciona. Puede que el paciente sienta sensación de sudar aunque no lo hace o que aparezca sudoración compensatoria excesiva en otra parte del cuerpo.

De nuevo, hay que subrayar los posibles efectos secundarios de la cirugía para el tratamiento de la hiperhidrosis. La sudoración compensatoria aparece hasta en el 80 % de los pacientes sometidos a una simpatectomía endoscópica transtorácica y es mucho más incapacitante que la condición original. Hay que discutir muy bien esta opción con el profesional médico antes de llevarla a cabo.

La hiperhidrosis es una enfermedad aparentemente superficial, pero muy compleja en su etiología y con efectos más incapacitantes de los que en un principio se podría creer. Aunque no todos los tratamientos funcionen igual en distintos pacientes, te recomendamos ponerte en manos de un profesional si padeces hiperhidrosis. Es posible que el problema no desaparezca del todo, pero sí se puede minimizar con el abordaje adecuado.

 

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