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Síndrome postvacacional: qué es y cómo evitarlo

La tristeza es un estado natural del ser humano. Igual que sentimos felicidad, estrés y emoción, es de lo más normal experimentar desconformidad y malestar cuando nos encontramos algo que no nos gusta. El síndrome postvacacional representa las emociones y sensaciones negativas asociadas a la vuelta al trabajo tras las vacaciones, pero ¿se trata realmente de un trastorno?

En un mundo que avanza a pasos agigantados a nivel médico, es necesario tener claro qué se considera patológico y qué es natural. Aquí te contamos qué es el síndrome postvacacional, cuáles son sus características principales y cómo distinguirlo de entidades clínicas. ¡No te lo pierdas!

¿Qué es el síndrome postvacacional?

El trabajo es una parte esencial en la vida de toda persona. Según fuentes profesionales, se estima que un ser humano promedio trabajará unas 90 000 horas a lo largo de su vida. El 60% de los trabajadores se consideran emocionalmente desconectados de su puesto laboral, mientras que el 19% se autodenominan como “miserables” con relación a este tema. Sin duda, la percepción general de la ocupación podría ser mejorable en términos estadísticos.

El síndrome postvacacional es el conjunto de emociones y sentimientos que se producen cuando un trabajador no consigue adaptarse, después de un periodo de ocio, a la vida activa que lleva de forma habitual. Dicho de otro modo, es un estado negativo al que se llega si no se está preparado para volver a la rutina. Según estudios epidemiológicos, hasta el 57% de los trabajadores experimentan este conjunto de sensaciones una vez se acaban las vacaciones.

En este punto, toca recoger la definición de la palabra síndrome. Tal y como indica el diccionario Oxford languages, un síndrome es el “conjunto de síntomas que se presentan juntos y son característicos de una enfermedad o de un cuadro patológico determinado provocado, en ocasiones, por la concurrencia de más de una enfermedad”. En general, el síndrome postvacacional no se considera patológico por sí solo. Se acompaña de molestias, pero no de síntomas caracterizados.

Por otro lado, algunos autores sí lo consideran una enfermedad, pues conlleva la falta de bienestar emocional. Este debate continúa abierto a día de hoy, pero desde un punto de vista estricto el síndrome posvacacional no se puede diagnosticar como un trastorno psiquiátrico.

¿Cuáles son los síntomas del síndrome postvacacional?

Este síndrome puede cursar de diversas formas. Los síntomas y signos clínicos pueden ser físicos, psiquiátricos o una combinación de ambos. Algunos de los más comunes son los siguientes:

  • Cambios en el apetito (comer más o menos de lo normal).
  • Variaciones en los patrones de sueño, sobre todo problemas para dormir.
  • Sentimiento intenso de tristeza.
  • Falta de motivación.
  • Agotamiento mental.
  • Ansiedad por volver al trabajo.
  • Pensar de manera obsesiva en las próximas vacaciones.

Diferenciar los síntomas del síndrome postvacacional de aquellos experimentados ante trastornos sí caracterizados (como el trastorno depresivo mayor, el trastorno por ansiedad generalizado y otros) es muy complejo. En general, si el malestar dura más de unos días y/o es incapacitante en cualquiera de los ámbitos personales, hay que recurrir a ayuda profesional.

Por otro lado, también hay que tener en cuenta que diversos problemas o enfermedades fisiológicas (como la anemia o las deficiencias alimentarias) pueden cursar con síntomas como fatiga, debilidad, agotamiento mental, aturdimiento y mucho más. Una analítica sanguínea exhaustiva y otras pruebas específicas son necesarias si el malestar se sostiene en el tiempo.

¿Cómo evitar el síndrome postvacacional?

Ahora que ya conocemos todas las características de este estado asociado al entorno laboral, es momento de intentar combatirlo. A la hora de abordar el síndrome postvacacional, cabe destacar que no se requiere ningún fármaco asociado a los trastornos depresivos (como los ansiolíticos o los antidepresivos tricíclicos). Estos solo podrán tomarse si un psiquiatra lo receta ante un problema de salud mental claro y diagnosticable.

En la mayoría de casos, la experiencia del síndrome postvacacional se puede reducir o eliminar al completo si se toman ciertas medidas. Entre todas las posibles, destacan las siguientes:

  • Hacer una vuelta progresiva: aprovechar la estancia fuera de casa por el máximo tiempo posible es muy tentador. De todas formas, se recomienda volver al hogar 2-3 días antes de comenzar la jornada laboral para acostumbrarse a la rutina, aunque sea un poco. Cuanto menor sea el contraste, mejor.
  • Mantener aficiones: muchas de las actividades veraniegas se pueden mantener, hasta cierto punto, durante el resto del año. Si te gusta pasear por la playa, puedes aprovechar para salir a caminar después del trabajo a algún sitio bonito cercano. Lo mismo se puede aplicar a muchos deportes y hobbys.
  • Evitar el caos: a nadie le gusta volver de vacaciones y encontrarse un auténtico desastre de mesa y calendario. Hay que esforzarse para que la partida y la llegada sean lo más ordenadas posibles. Tu yo del futuro te lo agradecerá.
  • No aislarse: volver al trabajo no implica dejar de ver a la pareja, la familia y los amigos. Los fines de semana y las tardes pueden seguir disfrutándose en compañía si así se desea.
  • No pensar (todo) el rato en las próximas vacaciones: puede sonar cliché, pero hay que vivir el día a día sin planificar de más. Las vacaciones no son un objetivo a largo plazo, sino algo que llega con el tiempo y debe disfrutarse lo que dure.

¿Tristeza postvacacional, o algo más?

Es natural querer atribuir la tristeza y la falta de motivación a un evento concreto, como la vuelta de las vacaciones. Aunque en muchos casos este malestar responda a algo pasajero, en otros puede evolucionar hasta un trastorno psiquiátrico que sí requiera atención médica. Recuerda que sentirse mal de manera continuada ni es natural ni hay que acostumbrarse a ello. Es posible cambiar.

Si experimentas falta de motivación constante, incapacidad para sentir cosas positivas, deseos de suicidio o apatía generalizada, no dudes en buscar ayuda profesional. Sea un bache o un trastorno, la psicología siempre puede mejorar el bienestar.

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