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Cáncer de ovario

El cáncer es un problema global y representa la segunda causa de muerte en regiones de alto ingreso como Estados Unidos. Aunque algunos de estos cuadros se vean propiciados por la genética y otros factores no controlables, hasta 1/3 de las defunciones por cáncer están directamente relacionadas con el uso de tabaco, un índice de masa corporal excesivo, el consumo de alcohol y la falta de actividad física, entre otras cosas.

El cáncer más común de todos es el de mama, seguido del de pulmón, colon, recto y próstata. El cáncer de ovario es el quinto que más muertes causa en el género femenino y se estima que hasta 1 de cada 78 mujeres lo desarrollarán a lo largo de su vida. Aquí se exploran las causas, los síntomas, el diagnóstico y el tratamiento del cáncer ovárico.

¿Qué es el cáncer de ovario?

El término cáncer designa a un grupo de enfermedades en las que ciertas células anormales del cuerpo se multiplican sin control. En situaciones de normalidad, los cuerpos celulares crecen y se reproducen según los requerimientos fisiológicos del organismo, pero si sufren mutaciones esporádicas pueden llegar a tornarse malignos y crecer cuando no deberían. Esto propicia la aparición de un cáncer, con o sin tumor.

Por su parte, el cáncer de ovario es aquel que ocurre en el tejido ovárico. Los ovarios están compuestos por 3 tipos de células y cada una de ellas puede dar lugar al tumor maligno, diferenciándose así las siguientes variantes:

  1. Carcinomas epiteliales de ovario: representan al tipo más común, pues hasta el 90 % de los cánceres ováricos ocurren en las células que recubren la superficie externa del ovario.
  2. Tumores de las células germinativas: son muy poco usuales, ya que representan menos del 2 % de los cánceres ováricos. Tal y como indica su nombre, se forman a partir de las células germinales femeninas, es decir, los óvulos. Las mujeres de 20 a 30 años de edad son más propensas a tener este tipo de cáncer.
  3. Tumores de células estromales: representan al 1 % de los cánceres ováricos totales y se forman en los tejidos que sirven de soporte para los ovarios.

No todos los tumores que pueden surgir en estas áreas son malignos. De todas formas, aquellos que sí lo hacen son capaces de propagarse a otras estructuras del cuerpo, dando lugar a una metástasis y las complicaciones que ello conlleva. Las probabilidades de que una mujer desarrolle un cáncer de mama es de 1 entre 78, mientras que las de morir por complicaciones derivadas de él es 1 de cada 108. Se presenta típicamente en chicas de 63 años en adelante.

Un ejemplo de cáncer ovárico.

Causas del cáncer de ovario

Como hemos dicho en líneas previas, el cáncer ocurre cuando se producen mutaciones dañinas en el ADN de las células de los tejidos. No se tiene muy claro qué desencadena exactamente cada cuadro cancerígeno, pero existen ciertos factores de riesgo. Se destacan los siguientes:

  • Edad avanzada: la edad media de diagnóstico de este tipo de cáncer oscila entre los 61 y 63 años. De todas maneras, no se descarta su aparición en mujeres más jóvenes.
  • Obesidad: la obesidad puede promover la aparición de los tipos menos comunes de cáncer ovárico.
  • Endometriosis: la endometriosis ocurre cuando las células del revestimiento de la matriz (útero) crecen en otras zonas del cuerpo. Esta enfermedad se ha vinculado a un mayor riesgo de desarrollar carcinomas epiteliales de ovario.
  • Parámetros menstruales: que el sangrado menstrual comience a una edad muy temprana es un factor de riesgo. Por otro lado, las mujeres jóvenes con periodos menstruales irregulares tienen mayor riesgo de desarrollar este tipo de cáncer.
  • Terapia de reemplazo hormonal después de la menopausia: llevar a cabo una terapia de reemplazo hormonal para controlar los síntomas de la menopausia podría aumentar el riesgo de cáncer de ovario.

Además de lo citado, cabe destacar que en algunos casos este tipo de cáncer muestra un claro componente genético. Se estima que hasta el 15 % de los cánceres ováricos son derivados de mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, supresores tumorales muy importantes que evitan la proliferación celular descontrolada. Estas variaciones en el ADN pueden ser heredadas y “correr” en algunas familias. Por suerte, existen pruebas especializadas que permiten detectarlas antes de que aparezca el cáncer (si es que lo hace).

Del 10 al 15 % de los cánceres ováricos tienen una carga genética importante.

Síntomas del cáncer de ovario

Es fácil confundir los signos y síntomas del cáncer de ovario con otras muchas patologías del aparato reproductivo femenino. Los más relevantes son los siguientes:

  • Distensión abdominal.
  • Sensación de saciedad rápidamente después de comer.
  • Dolor o molestias en la región del abdomen.
  • Fatiga.
  • Molestias en la zona pélvica.
  • Necesidad frecuente de orinar.
  • Cambios en los hábitos intestinales.
  • Dolor en la zona de la espalda.
  • Pérdida de peso.
  • Sangrado o secreciones vaginales atípicas.

Estos síntomas pueden ser provocados por condiciones menos graves que el cáncer de ovario. De todas formas, es necesario acudir a un profesional médico en caso de detectar cualquier anormalidad en el sistema reproductivo.

Diagnóstico del cáncer de ovario

Las pruebas de detección del cáncer de ovario tienen como objetivo encontrar la patología sin necesidad de que la paciente tenga ningún síntoma. Por desgracia, la detección temprana de esta neoplasia maligna es compleja. Se pueden citar las 2 técnicas siguientes como opciones:

  1. Ecografía transvaginal: en esta técnica, se coloca una sonda dentro de la vagina para obtener imágenes. Así, se evalúa el estado de las trompas de Falopio, los ovarios y el útero al mismo tiempo. Esta prueba no permite diferenciar un tumor maligno de uno benigno, pero sí registra la anormalidad y da pie a otros análisis.
  2. Análisis de CA-125: esta prueba mide la cantidad de la proteína CA-125 (antígeno del cáncer 125) en la sangre, ya que muchas mujeres con cáncer de ovario tienen niveles altos de este compuesto. El problema es que otras patologías también promueven este estado y no se cumple en todos los casos, así que es más útil para el seguimiento de cuadros confirmados que para el diagnóstico.

Existen otras pruebas diagnósticas que son de utilidad para detectar un cáncer de ovario. Las tomografías computarizadas pélvicas permiten observar el estado de los ovarios, mientras que el examen pélvico por palpación ayuda a evaluar la salud ginecológica general y detectar anormalidades. Por último, las pruebas genéticas son capaces de encontrar mutaciones en genes implicados en este cáncer, registrando así la proclividad de que aparezca a lo largo de la vida de la paciente.

Tratamiento del cáncer de ovario

Existen múltiples tratamientos para abordar este tipo de cáncer y la elección depende de muchos factores, pero en general se hace uso de cirugía y quimioterapia combinadas. En el primer frente, la regla de oro es la extirpación completa de la enfermedad visible y, en caso de que no sea posible, reducir su extensión al máximo. Puede ser necesario extraer un ovario, los dos ovarios o los dos ovarios y el útero e incluso otras estructuras (según la extensión tumoral).

Por otro lado, la quimioterapia puede emplearse después de la cirugía (o también antes) para eliminar cualquier remanente de células cancerígenas que puedan quedar en el organismo. La terapia dirigida, la inmunoterapia y la terapia hormonal también son opciones en algunos escenarios. Las tasas relativas de supervivencia a 5 años del cáncer de ovario epitelial invasivo dependen del estadio, pues el localizado reporta un 92 % de supervivencia y el distante un 30 %. El resto son algo menos letales.

Un ejemplo del tratamiento del cáncer de ovario.

Prevención del cáncer de ovario

Debido a la falta de conocimiento que se tiene sobre los desencadenantes del cáncer ovárico, es difícil establecer programas de prevención 100 % efectivos. De todas formas, la American Cancer Society indica que el consumo de pastillas anticonceptivas orales disminuye el riesgo en las mujeres con situación promedio y en aquellas portadoras de mutaciones en los genes BRCA. En comparación con las que nunca toman anticonceptivos orales, las mujeres que sí los consumen por 5 años o más tienen aproximadamente 50 % menos riesgo de padecer cáncer de ovario.

A pesar de lo positivo de estas cifras, cabe destacar que los anticonceptivos orales conllevan diversos efectos secundarios, algunos de ellos graves. Es muy importante consultar su consumo con un profesional de la salud de forma extensa antes de comenzarlo.

 

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