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Septicemia: causas, síntomas y tratamiento

Las bacterias habitan en prácticamente todos los entornos de la Tierra. Estos microorganismos unicelulares procariotas son esenciales para la vida, pues suponen la fuente de alimento principal de muchos seres vivos, representan una importante reserva de carbono orgánico y realizan múltiples procesos metabólicos para el reciclaje de materia en los ecosistemas. También se encuentran en el interior de nuestro cuerpo (por ejemplo, en el sistema digestivo), y conviven en simbiosis con el ser humano, protegiéndonos de patógenos, activando al sistema inmunitario y metabolizando materia vegetal, entre otras cosas.

Es vital contar con una comunidad microbiana sana (microbiota) en muchas partes del cuerpo, como el aparato digestivo, la piel o los genitales. De todas formas, la situación puede complicarse mucho si las bacterias ingresan en sistemas cerrados en los que no deberían estar presentes, como la sangre. Con esta idea en mente, en las siguientes líneas recogemos todo lo que debes saber sobre la septicemia y el shock séptico.

¿Qué es la septicemia?

La septicemia, también conocida como sepsis, es una respuesta severa generalizada del organismo ante una infección grave. En general, se suele asociar a la presencia de bacterias en el torrente sanguíneo (bacteriemia), aunque también puede producirse en respuesta a otro foco de infección más una disfunción o una insuficiencia de un aparato esencial. Además, hay que tener en cuenta que todo tipo de infección puede derivar en septicemia, ya sea causada por virus, bacterias, hongos u otros microorganismos. De todas formas, en este espacio (y en general) al usar el término nos referimos a una sepsis de origen bacteriano.

Antes de continuar, es necesario introducir el término síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SRIS). Tal y como indican fuentes médicas profesionales, este se produce cuando se cumplen 2 o más de los siguientes requisitos:

  • Temperatura corporal mayor de 38 °C o menor de 36 °C.
  • Un ritmo cardiaco superior a 90 pulsaciones por minuto.
  • Respiración acelerada (taquipnea) por encima de 20 respiraciones por minuto o presión parcial de dióxido de carbono (PaCO2) menor de 32 mmHg.
  • Recuento de glóbulos blancos (WBC) superior a 12 000 por milímetro cúbico o inferior a 4000 por milímetro cúbico, o superior al 10 % de formas inmaduras.

La septicemia o sepsis es un síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SRIS) derivado de una infección previa. La sepsis severa ocurre cuando se produce afectación en 1 o más órganos. El shock séptico, por su parte, es un término muy relacionado con los ya nombrados que hace referencia a una reducción peligrosa de la presión arterial (hipotensión) derivada de una septicemia.

La septicemia se ha asociado a una alta morbilidad y mortalidad. Tal y como indica la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cada año 31 millones de personas sufren un episodio de sepsis en todo el mundo, de las cuales unas 6 millones terminan falleciendo a causa del cuadro. Es una patología mucho más común en regiones de bajo y medio ingreso con infraestructuras sanitarias deficientes, lo que dificulta mucho la curación y empeora el pronóstico.

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Los síntomas de la septicemia

La septicemia se puede presentar con síntomas como los que se describen en la siguiente lista:

  • Dificultad para respirar.
  • Respiración superficial y rápida.
  • Sudoración sin motivo aparente y escalofríos.
  • Aturdimiento, fatiga.
  • Frecuencia cardiaca acelerada.
  • Tono azulado en ciertas partes del cuerpo, como labios y dedos.
  • Confusión.
  • Fiebre o hipotermia.
  • Disminución de orina.
  • Dolor muy evidente.

Ante cualquiera de estos síntomas, se recomienda acudir con urgencia a un centro médico. El pronóstico de la septicemia empeora cuanto más tiempo se deje pasar.

Causas de la sepsis

Cualquier tipo de infección puede derivar en una septicemia si no se controla, pero hay algunas más proclives que otras a la hora de desembocar en ella. La neumonía, las infecciones abdominales, las infecciones renales y la bacteriemia son algunos de los desencadenantes más comunes de sepsis. Aunque los virus, los hongos y otros microorganismos son desencadenantes de este cuadro, en general el sospechoso principal es bacteriano.

Cuando se producen ciertas infecciones graves, las bacterias causales liberan toxinas que activan ciertas células del sistema inmunitario, las cuales se encargan de generar sustancias como citoquinas o citocinas, que desencadenan una respuesta inflamatoria. Aunque la liberación controlada de citoquinas y otros agentes inflamatorios ayude a combatir el cuadro, también tiene efectos secundarios como la disminución de la presión arterial o el favorecer la formación de coágulos.

Si bien toda persona puede llegar a padecer una septicemia, existen ciertos factores de riesgo:

  • Tener más de 65 años o ser muy pequeño.
  • Ser mujer y estar embarazada.
  • Tener diabetes mellitus, cáncer, leucemia, cirrosis hepática y otras condiciones que causan inmunosupresión.
  • Ser paciente en ambiente hospitalario con un catéter intravenoso, sonda vesical, prótesis y otros elementos.
  • Hacer uso de drogas intravenosas.

Cabe destacar que la sepsis, en sí misma, no es contagiosa. Lo que sí se puede contagiar en muchos casos son los agentes patógenos que la causan, pero el microorganismo que provoca una septicemia en una persona no tiene por qué traducirse en el mismo cuadro en otra.

Diagnóstico de la sepsis

Es muy importante detectar de forma temprana cualquier infección que pueda derivar potencialmente en una sepsis. No hay un criterio diagnóstico concreto para detectar este cuadro en todos los casos, pero el análisis de sangre suele ser uno de los primeros pasos a realizar. En este estudio, se puede confirmar o descartar la presencia de bacterias en la sangre, posibles problemas de coagulación sanguínea, función hepática/renal alterada, niveles de oxígeno en sangre más bajos de lo normal, desequilibrios electrolíticos y mucho más.

Más allá del análisis de sangre, las pruebas de diagnóstico por imagen como los rayos X, la ecografía, la resonancia magnética o la tomografía axial computarizada (TAC) pueden ayudar a identificar los focos de infección y encontrar daños derivados en otros órganos y sistemas. Los estudios para evaluar los niveles de oxígeno y los cultivos de orina también pueden ser de gran utilidad para arrojar más información sobre el cuadro clínico del paciente. La electrocardiografía permite observar el estado del corazón en el momento de la sepsis y decidir los abordajes de urgencia, entre otras cosas.

¿Cuál es el tratamiento de la septicemia?

La septicemia, ya sea leve o grave, requiere tratamiento inmediato. Algunos de los abordajes de primera línea para combatir este problema grave de salud son los siguientes:

  • Antibióticos intravenosos para acabar de forma eficaz con la infección.
  • Administración de fluidos intravenosos para mantener el flujo sanguíneo y evitar una caída drástica de tensión.
  • Fármacos vasopresores, los cuales son necesarios en algunos casos para estabilizar la tensión arterial.
  • Administración de oxígeno (ventilación mecánica).
  • Si la hay, eliminar la fuente de infección (como catéteres, tubos y otros dispositivos médicos).
  • Otros medios de soporte vital y, si es necesario, cirugía para extirpar los tejidos dañados.

Los profesionales médicos tratan la septicemia de forma inmediata, sin esperar a que los resultados de las pruebas confirmen el diagnóstico, pues retrasar el abordaje clínico disminuye de forma drástica la supervivencia en todos los casos. La mayoría de los pacientes se recuperan de una sepsis leve, pero la tasa de mortalidad por shock séptico es de aproximadamente el 30 % – 40 %, una cifra nada desdeñable. Además, un episodio de sepsis grave aumenta el riesgo de futuras infecciones.

La microbiota y la depresión están más relacionadas de lo que podría parecer.

Como habrás podido comprobar en estas líneas, la septicemia es un cuadro muy grave que requiere atención médica cuanto antes. En el tratamiento temprano radica el pronóstico positivo de esta condición tan severa.

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