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Diabetes: causas, síntomas y tratamiento

La diabetes es un problema de salud cada vez más común en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la prevalencia de este cuadro pasó de 108 millones de pacientes en 1980 a 422 millones en 2014. Estas cifras no se han instaurado sin consecuencias significativas: en 2019, este grupo patológico fue la novena causa más importante de muerte en todo el mundo. Esto equivale a 1,5 millones de defunciones anuales derivadas de las complicaciones de la diabetes.

La diabetes tipo 2 es la variante más frecuente de esta enfermedad y es causada por una combinación de factores genéticos y estilo de vida. Sin ir más lejos, estudios estiman que hasta el 50 % de los cuadros diabéticos en hombres podrían prevenirse evitando la obesidad. Aquí se recogen las características, las causas, los síntomas, el diagnóstico y el tratamiento de la diabetes.

¿Qué es la diabetes?

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la diabetes mellitus es ‘una enfermedad metabólica crónica caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre (o azúcar en sangre) que con el tiempo conduce a daños graves’. Este cuadro se asocia a largo plazo al compromiso de muchos sistemas orgánicos, pudiendo derivar en pérdida de visión, nefropatía diabética, compromiso de los vasos sanguíneos y muchas cosas más.

La mayoría de los alimentos que consumimos los seres humanos se transforman en glucosa, un azúcar presente en el torrente sanguíneo. La hormona insulina, sintetizada y liberada por el páncreas, se encarga de que este azúcar pueda ingresar a las células del organismo. La glucosa es la fuente principal de combustible para nuestro cuerpo, ya que se utiliza para generar la energía necesaria para nuestro mantenimiento.

Los pacientes diabéticos pueden no producir la cantidad adecuada de insulina o, en su defecto, que las células no respondan bien a ella. Esto hace que la glucosa se acumule en la sangre, un cuadro conocido como hiperglucemia. Se estima que más de 420 millones de personas son diabéticas en todo el mundo. En España, la prevalencia general oscila el 6,6 % de la población, aunque la cifra real podría ser más alta debido al infradiagnóstico.

1 de cada 10 personas tienen diabetes en ciertas regiones de alto ingreso (como EE. UU.). 

Tipos de diabetes

Existen 3 tipos de diabetes, tal y como se refleja en la siguiente lista:

  1. Diabetes tipo 1: el páncreas produce poca o ninguna insulina. Se desconoce la causa exacta del trastorno, pero sí sabe que el propio sistema inmunitario del cuerpo destruye por error a las células pancreáticas encargadas de sintetizar esta hormona. Se estima que este mecanismo es el responsable de solo el 10 % de los cuadros diabéticos totales y ocurre con mayor frecuencia en niños, adolescentes y adultos jóvenes.
  2. Diabetes tipo 2: es el tipo más común y representa al 90 % de los casos aproximadamente. En este caso, el cuerpo no produce suficiente insulina o no la usa bien. Por lo tanto, se queda demasiada glucosa en la sangre y no llega la suficiente a las células. El sobrepeso, la obesidad, no hacer ejercicio, la alimentación inadecuada y otros factores prevenibles promueven la aparición de este tipo de diabetes.
  3. Diabetes gestacional: este tipo de diabetes se asocia a los cambios hormonales producidos durante el embarazo y afecta al 5-15 % de las mujeres gestantes. En general, aparece en la mitad del periodo de embarazo y se puede controlar a menudo con una alimentación saludable y ejercicio regular.

Los efectos de la diabetes en el cuerpo pueden ser múltiples.

Síntomas de la diabetes

A pesar de las diferencias en la etiología, todos los tipos diabetes pueden producir síntomas muy similares si la concentración de glucosa en sangre es demasiado elevada. Algunos de los más comunes y evidentes son los siguientes:

  • Orinado frecuente.
  • Hambre continua y muy evidente.
  • Fatiga, somnolencia e irritabilidad.
  • Visión borrosa.
  • Infecciones frecuentes.
  • Náuseas.
  • Disminución de la resistencia durante el ejercicio.
  • Pérdida de peso sin causa aparente.
  • Aumento de la sed.

En el caso de la diabetes tipo 1, los signos y síntomas suelen aparecer de forma brusca y muy notoria. Por otro lado, en el tipo 2 la enfermedad puede permanecer asintomática durante años antes de recibir el diagnóstico. Además, los síntomas comienzan manifestándose levemente y van empeorando con el tiempo. La diabetes tipo 1 se evidencia sobre todo en niños y adolescentes, mientras que la 2 aparece en general a partir de los 40 años.

Causas de la diabetes

Como hemos dicho en líneas previas, la diabetes tipo 1 tiene lugar cuando el sistema inmunitario ataca por error al páncreas. Se cree que este proceso puede estar mediado por una combinación de predisposición genética y factores externos, como la infección por ciertos virus.

Por otro lado, la diabetes tipo 2 tiene una clara base genética, pero su probabilidad de aparición también se ve influenciada por ciertos factores controlables y el estilo de vida. Entre todos, se destacan los siguientes:

  • Sobrepeso y obesidad: se estima que las personas obesas tienen hasta 7 veces más riesgo de desarrollar una diabetes de tipo 2.
  • Edad adulta: la diabetes de tipo 2 es mucho más común en personas de mediana edad y adultas (a partir de los 45 años).
  • Antecedentes familiares: la diabetes tipo 2 no tiene un patrón de herencia claro, aunque muchas personas afectadas tienen al menos un familiar cercano con la enfermedad. El riesgo de desarrollarla aumenta con el número de familiares afectados, así que existe una base genética.
  • Inactividad física: cuanto menos ejercicio se realice, más probabilidades hay de desarrollar esta enfermedad.
  • Otras patologías: la presión arterial alta, las enfermedades cardíacas, el síndrome de ovario poliquístico, el accidente cerebrovascular e incluso la depresión se han asociado a la diabetes tipo 2.

Son muchos los factores de riesgo que propician la aparición de la diabetes. Algunos de ellos se pueden prevenir, mientras que otros deben abordarse en el entorno médico antes de que generen complicaciones. Sea como fuere, esta enfermedad se considera multifactorial por los múltiples desencadenantes que presenta.

Diagnóstico de la diabetes

Existen múltiples pruebas para detectar un cuadro diabético, pero todas ellas pasan por un análisis de sangre. Algunos de los parámetros que se buscan para detectar esta enfermedad son los siguientes:

  • Hemoglobina glicosilada (HbA1c): la hemoglobina A1c es una molécula de hemoglobina a la que se ha unido una molécula de glucosa. Un valor en sangre por encima del 6,5 % en 2 pruebas separadas indica un cuadro de diabetes.
  • Glucosa en sangre: como su propio nombre lo indica, esta prueba mide la concentración de glucosa en el torrente sanguíneo. Un examen de glucemia en ayunas se considera normal si el nivel está entre 70 y 100 mg/dl. Un nivel de 126 mg/dl o superior en ayunas casi siempre implica un cuadro de diabetes.
  • Tolerancia oral a la glucosa: la prueba de tolerancia a la glucosa se realiza en varias etapas. Implica el consumo de una bebida azucarada y la monitorización de los valores durante un par de horas.

Además de los análisis clínicos pertinentes (los citados y muchos más), también pueden ser necesarias otras pruebas accesorias para detectar los posibles daños generados en distintos órganos. Las revisiones oftalmológicas, la determinación de colesterol y triglicéridos en sangre, los perfiles renales y las revisiones podológicas son solo algunas de ellas.

Tratamiento de la diabetes

El tratamiento de la diabetes tipo 1 es bastante directo y se basa en los siguientes pilares:

  1. Proporcionarle al organismo la insulina que requiere. Esta hormona no puede tomarse por la vía oral, así que debe ser inyectada de forma periódica para mantener estables los niveles de glucosa en sangre. Las bombas de insulina son los artilugios más útiles en este frente.
  2. Seguir una dieta específica para personas diabéticas. Es necesario balancear el aporte de azúcares con la dosis de insulina que se ha recetado. Por ello, se recomienda el asesoramiento de un profesional a nivel dietético para evitar complicaciones a largo plazo.
  3. Hacer ejercicio: la actividad física reduce la concentración de glucosa en sangre, pues al fin y al cabo este azúcar es una fuente de energía para los tejidos corporales. Evitar el sedentarismo ese esencial para todas las personas, incluyendo a los pacientes diabéticos.
  4. Controlar diariamente los niveles de glucosa en sangre: es necesario realizar mediciones hasta 4 veces al día para cerciorarse de que el abordaje rutinario está surtiendo efecto. Esta patología es crónica y debe controlarse durante toda la vida.

Una inyección de insulina en una persona diabética.

El abordaje de la diabetes tipo 2 es similar, pero no siempre se requiere la inyección de insulina. En caso de que el paciente presente una prediabetes detectada a tiempo, podría ser suficiente con bajar de peso, comenzar a hacer ejercicio y controlar la dieta. Si esto no funciona, existen diversos medicamentos cuya finalidad es reducir la concentración de glucosa en sangre. El tratamiento con insulina se concebía antiguamente como última opción en las personas con diabetes tipo 2, pero puede ser de gran utilidad si los valores no se normalizan con los tratamientos ya citados.

 

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