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SIBO: sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado

El conjunto de microorganismos que habitan en nuestro tubo digestivo se conoce como microbiota (antes flora intestinal) y cumple múltiples funciones para mantener nuestro bienestar. Las bacterias del intestino ayudan a metabolizar alimentos de origen vegetal, descomponen sustancias tóxicas, combaten infecciones y mucho más. Sin ellas, la vida tal y como la conocemos sería imposible.

Una microbiota sana es clave para el bienestar. Cuando esta sufre desajustes por unos eventos u otros, es posible experimentar una disbiosis intestinal, término cada vez más conocido en la población general. Otro cuadro relacionado, el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado o SIBO, está mucho menos explorado a nivel divulgativo. En las siguientes líneas te lo contamos todo sobre él.

¿Qué es el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO)?

La microbiota intestinal hace referencia al conjunto de microorganismos (bacterias, protozoos, virus, hongos y más) que habitan en el tubo digestivo del ser humano. Estudios estiman que la población microbiana presente en este entorno incluye 100 billones de bacterias de unas 500 a 1000 especies distintas. Los filos bacterianos más representativos de la flora o microbiota son los Firmicutes (con una representación del 65% del total), los Bacteroidetes (23% del total) y las Actinobacterias, con un 5%.

En este punto, cabe destacar que la mayor proporción de bacterias intestinales se encuentra en el colon, la porción larga y hueca que se localiza al final del tubo digestivo y comunica con el ano. Cuanto más se acerca al estómago, menor es la densidad de microorganismos, ya que el ambiente es menos habitable por la secreción de bilis y el paso más rápido de la comida. El estómago cuenta con 10^1 bacterias por gramo de contenido, el duodeno 10^3/g, el yeyuno 10^4/g, el íleon 10^7/g y el colon 10^12/g. El intestino delgado tiene una población bacteriana baja en comparación con el intestino grueso.

El SIBO es un síndrome heterogéneo que se caracteriza por un número excesivo (o alteración) de las bacterias presentes en el intestino delgado. Cuando ciertos mecanismos protectores frente al sobrecrecimiento bacteriano fallan, se puede producir un aumento negativo de las comunidades que, en otras circunstancias, no tienen por qué ser patógenas. El SIBO se asocia cada vez más a los problemas gastrointestinales no específicos.

Muchas bacterias se han asociado al SIBO. Entre las más comunes, se encuentran Streptococcus, Escherichia coli, Lactobacillus y Bacteroides. De todas formas, el crecimiento de estas comunidades no siempre se traduce en el síndrome. Para que esto ocurra, tiene que haber una inflamación del tejido intestinal como respuesta.

Este síndrome es más común en mujeres y ancianos

Una bacteria detallada sobre un fondo negro.

¿Cuáles son los síntomas del SIBO?

Los síntomas del SIBO pueden ser generales e inespecíficos. Entre los más comunes, destacan los siguientes:

  • Dolor en el abdomen.
  • Pérdida de apetito.
  • Náuseas.
  • Diarrea.
  • Bajada de peso involuntaria.
  • Exceso de flatulencias.
  • Síntomas de deficiencias nutricionales.

En algunos casos, el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado causa una malabsorción de grasas, lo que se traduce en un cuadro conocido como esteatorrea. Este se manifiesta en forma de heces pastosas y espumosas, claras, blandas, voluminosas y particularmente malolientes. Si se presenta un dolor abdominal persistente, una diarrea incapacitante o si hay sangre en las heces, se hace esencial la visita a un profesional médico de inmediato.

¿Qué lo causa?

Si el flujo de alimento es constante y mantenido, se mantiene un importante equilibrio bacteriano en el intestino delgado. Los trastornos que provocan un enlentecimiento del contenido intestinal favorecen que las bacterias proliferen más de lo normal. Algunas de las causas más comunes del SIBO son las siguientes:

  1. Problemas estructurales en el intestino delgado: la diverticulosis intestinal, por ejemplo, causa la formación de bolsas a través de la pared del intestino. Esto hace que se acumulen (y fermenten) alimentos en porciones del tubo digestivo en las que no deberían. Otros problemas estructurales en el intestino delgado pueden promover SIBO.
  2. Cambios anormales en el PH del intestino delgado.
  3. Desbalance o mal funcionamiento del sistema inmunitario.
  4. Hipoclorhidria: este cuadro cursa con un nivel demasiado bajo de ácido estomacal. Como resultado, es posible que las comunidades bacterianas cercanas al estómago crezcan más de lo normal. La edad, el estrés, la infección por Helicobacter pylori y otras pueden causar hipoclorhidria.
  5. Uso excesivo de ciertos medicamentos: como antibióticos, narcóticos y supresores gástricos.

Además, hay muchos factores de riesgo que pueden fomentar el desarrollo del SIBO. La obesidad, las intervenciones quirúrgicas a nivel intestinal, las lesiones en el intestino, la enfermedad de Crohn, la diabetes y más son factores predisponentes.

Diagnóstico del SIBO

No hay una técnica infalible e irrefutable que sirva para diagnosticar el sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado. Uno de los primeros pasos para dar con este síndrome es realizar un test de hidrógeno espirado. En él, se mide la cantidad de hidrógeno que “saca” el paciente con su respiración tras administrar una muestra de glucosa y agua. Un incremento rápido en los niveles de hidrógeno (o metano) espirado puede indicar un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Esta prueba está muy extendida, pero es algo menos específica que otras.

En realidad, el aspirado del intestino delgado y cultivo de líquidos es el método más eficaz para hacer el diagnóstico del SIBO de forma definitiva. Para obtener una muestra del fluido del intestino delgado, se tiene que introducir un endoscopio por la boca del paciente y trasladarlo hasta la zona de interés. Una vez se obtiene la muestra, se analiza en el laboratorio.

Aunque este último método sea el más eficaz, cabe destacar que es invasivo, lento y bastante caro. Además, se corre el riesgo de que se produzca una contaminación a partir de la flora orofaríngea, lo que complica aún más la interpretación de los resultados. Claramente, se requiere más investigación para encontrar la forma idílica de diagnosticar el SIBO.

Tratamiento

El objetivo del tratamiento del SIBO es doble: acabar con el sobrecrecimiento bacteriano y solventar las posibles deficiencias nutricionales que hayan aparecido como consecuencia de él. El metronidazol, la ciprofloxacina, la tetraciclina, la amoxicilina-clavulanato, la neomicina y la rifaximina son algunos de los fármacos que más se utilizan para este cuadro clínico. La terapia suele extenderse por un par de semanas.

Hasta el 45% de las personas con SIBO pueden experimentar recaídas sintomáticas tras completar el tratamiento, sobre todo en gente anciana o que ha pasado por un procedimiento quirúrgico del intestino delgado. Si hay recurrencia en los 3 meses después del tratamiento inicial, se aplica una segunda ronda de antibióticos. En caso de que el cuadro no mejore incluso con 2 ciclos de tratamiento, toca reconsiderar el diagnóstico.

La microbiota intestinal tiene múltiples funciones en nuestro cuerpo.

El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado o SIBO es un cuadro clínico complejo y, por desgracia, bastante desconocido a día de hoy. Aunque su diagnóstico y tratamiento se compliquen en algunos casos, es vital detectarlo a tiempo para evitar problemas nutricionales a largo plazo. Ante cualquier malestar digestivo sostenido en el tiempo, no dudes en acudir a tu médico de confianza.

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