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7 enfermedades renales

Los riñones son un par de órganos con forma de judía con una función crucial en el aparato excretor. Su función principal es eliminar los desechos y el exceso de líquido mediante la formación de orina, pero también producen hormonas que ayudan a mantener la presión arterial, la producción de glóbulos rojos y el mantenimiento de los huesos. Cada día, unos 1500 litros de sangre pasan por los riñones, lo cual se traduce en 1-2 litros de orina excretados al día.

Existen muchas enfermedades que pueden afectar a la función renal, tanto a corto como a largo plazo. Según la International Society of Nephrology, más de 850 millones de personas tienen algún tipo de problema en los riñones en todo el mundo y la prevalencia va en aumento. Para poner en perspectiva esta cifra, cabe destacar que es hasta 20 veces superior a los casos de cáncer globales. Aquí se recogen algunas de las enfermedades renales más comunes y de interés clínico.

¿Cuáles son las enfermedades renales más frecuentes?

Las enfermedades renales, también conocidas a nivel general como nefropatías, son todas aquellas condiciones que afectan al funcionamiento y estructura de los riñones. Estas patologías atacan a las unidades anatómicas básicas de los riñones, conocidas como nefronas. Las nefronas tienen como función principal filtrar la sangre para regular la concentración de agua y sustancias solubles en el organismo, por lo que son esenciales para el funcionamiento de estos órganos.

Las personas con diabetes, presión arterial alta o un familiar cercano con un problema renal son más proclives a desarrollar este tipo de patologías a lo largo de su vida. A continuación, se citan algunas de las enfermedades renales más frecuentes y destacables desde un punto de vista médico.

1. Enfermedad renal crónica

La enfermedad o insuficiencia renal crónica se define como la pérdida progresiva, permanente e irreversible de la tasa de filtración glomerular a lo largo de un tiempo variable. Según estudios, afecta aproximadamente al 10 % de la población adulta española y a más del 20 % de los mayores de 60 años. Esta patología empeora de forma progresiva con el paso de los años y puede permanecer asintomática durante sus primeras etapas, así que podría estar muy infradiagnosticada a nivel general.

La hipertensión arterial y la diabetes son las 2 causas principales de la enfermedad renal crónica. También puede verse propiciada por trastornos autoinmunitarios, defectos de nacimiento, lesiones al riñón, infecciones, cálculos renales, problemas arteriales y muchas condiciones más. El control de la patología subyacente puede retrasar el daño a los riñones, pero en etapas graves se debe recurrir a la diálisis o el trasplante.

Más del 10 % de la población adulta tiene enfermedad renal.

El dolor de espalda es un síntoma muy común de la enfermedad renal.

2. Cáncer de riñón

Como su propio nombre lo indica, el cáncer de riñón se trata de una neoplasia maligna que comienza en este órgano. Es uno de los cánceres más comunes tanto en el sexo masculino como en el femenino, afectando a 1 de cada 46 varones y 1 de cada 80 mujeres. No suele presentar síntomas en sus etapas más tempranas, pero cuando está desarrollado puede cursar con sangre en la orina, un dolor en el costado que no desaparece, pérdida de apetito, cansancio y fiebre.

La edad avanzada, el tabaquismo, la obesidad, la hipertensión y otras muchas condiciones se consideran factores de riesgo para el desarrollo de esta enfermedad. Para la mayoría de los cuadros, la cirugía es el tratamiento inicial. Este puede pasar por la extirpación del tumor o del riñón al completo. La terapia dirigida, la inmunoterapia y la radioterapia pueden concebirse en los casos muy avanzados y recurrentes.

3. Cálculos renales

Los cálculos renales, conocidos popularmente como piedras en el riñón, son masas sólidas compuestas de pequeños cristales que pueden depositarse en el tracto urinario. Dicho de forma rápida y sencilla, estos compuestos se forman cuando las sales y los minerales de la orina se concentran demasiado, lo cual fomenta su cristalización. Al cabo del tiempo, pueden aumentar de tamaño de manera considerable (1-2 centímetros).

Los cálculos de calcio son los más comunes, aunque también pueden tener como material mayoritario cistina, estruvita y ácido úrico. El dolor y la presencia de sangre en la orina son algunos de los síntomas usuales, pero también pueden presentarse náuseas, vómitos y otros signos. Los cálculos más pequeños casi siempre pasan a través del tracto urinario por sí solos, pero en casos más avanzados puede ser necesaria la administración de ciertos fármacos para ayudar a su descomposición e, incluso, una intervención quirúrgica.

4. Nefropatía diabética

El término nefropatía diabética hace referencia a las complicaciones renales que aparecen en personas con diabetes tipo 1 y 2 graves. En muchos países de alto ingreso, este conjunto patológico es el primer responsable de los trasplantes de riñón. En Estados Unidos, aproximadamente 1 de cada 3 personas con diabetes padece una nefropatía diabética. Este cuadro puede cursar con hinchazón de las extremidades, aumento de la necesidad de orinar, falta de aire, pérdida de apetito y náuseas, entre otros.

La nefropatía diabética se suele diagnosticar durante pruebas de rutina que forman parte del control de la diabetes. El primer paso para tratarla es controlar el cuadro diabético en sí mismo, lo cual puede incluir la administración de diversos medicamentos. Si la enfermedad progresa y se transforma en insuficiencia, es probable que se plantee una diálisis renal o un trasplante.

5. Glomerulonefritis

La glomerulonefritis es una de las enfermedades renales en las que se ve afectada la estructura de los glomérulos, racimos pequeños y redondos de vasos sanguíneos en el interior de los riñones. Existen 2 tipos de cuadros dentro de esta patología: primario (solo los riñones se ven afectados) y secundario (ocurre como consecuencia de una enfermedad ya existente). Los síntomas principales son la presencia de sangre en la orina, la orina espumosa y la hinchazón corporal.

El tratamiento de la glomerulonefritis depende, en primera instancia, de su desencadenante. De todas formas, la diálisis puede ayudar a controlar el exceso de líquido acumulado y la presión arterial alta. A largo plazo, el trasplante también puede convertirse en una opción.

6. Enfermedad renal poliquística

La enfermedad renal poliquística es una patología genética progresiva de los riñones. Se caracteriza por el crecimiento de abundantes quistes en estos órganos, lo cual se traduce en síntomas como dolor de espalda o en el costado, insuficiencia renal, presencia de sangre en la orina, infecciones en las vías urinarias recurrentes y dolor de cabeza, entre otros muchos. Pese a que esta enfermedad curse con la aparición de bultos, cabe destacar que estos no son cancerosos.

El tratamiento de esta condición es muy extenso y requiere abordar el crecimiento de los propios quistes, la presión arterial alta (si existe), la disminución de la función renal, el dolor y las infecciones frecuentes derivadas. Este cuadro se asocia a múltiples complicaciones a largo plazo.

7. Pielonefritis

La pielonefritis o infección renal se define por la presencia de gérmenes en la orina. Habitualmente es causada por bacterias, pero en casos excepcionales puede ser fúngica o vírica. Suele cursar con fiebre, escalofríos, dolor de espalda, necesidad de orinar a menudo y producción de orina turbia. Las mujeres están en mayor riesgo de padecer esta condición que los hombres, pues su uretra es más corta y favorece la colonización por microorganismos.

El tratamiento de esta enfermedad depende del agente causal, pero si este es bacteriano se deben utilizar antibióticos. Es necesario llevar a cabo un cultivo de orina y un antibiograma para que el fármaco de elección sea lo más efectivo posible y evitar así farmacorresistencias derivadas.

La micción frecuente es un síntoma de enfermedad renal.

Son muchas las enfermedades renales que pueden afectar al funcionamiento de estos órganos. Por suerte, si se detectan a tiempo, es posible tratar o impedir la progresión de muchas de ellas. Por esta razón, es necesario acudir a un profesional médico en cuanto se instaure cualquiera de los síntomas citados en líneas previas.

 

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