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¿Qué es la hepatitis B?

La hepatitis B es una infección vírica que afecta al hígado y puede cursar de forma tanto aguda como crónica. Según la OMS, más de 290 millones de personas viven con hepatitis B crónica en el mundo y, solo en el año 2019, esta condición se cobró unas 820 000 vidas. Se trata de una enfermedad de transmisión sexual (ETS) que tiene un pronóstico pobre si se acompaña de cirrosis (55% de probabilidad de supervivencia o menos).

Esta infección hepática es potencialmente mortal y se asocia a la aparición de cáncer de hígado. Por ello, es esencial detectarla a tiempo antes de que genere daños graves. En las siguientes líneas se exponen los síntomas, las causas y el tratamiento de la hepatitis B.

¿Qué es el virus de la hepatitis B?

El virus de la hepatitis B (HVB) es un virus de pequeño tamaño perteneciente a la familia Hepadnaviridae. Su información genética está constituida por ADN circular, el cual está recubierto por una cápside icosaédrica y una envoltura externa de lípidos. Su tasa de mutación es hasta 10 veces más elevada de lo esperable para otros virus de ADN. Contiene 4 genes identificados: gen de superficie (S), gen del core (C), gen de la polimerasa (P y pol) y gen de las proteínas (X).

A día de hoy, se han identificado unos 10 genotipos del virus de la hepatitis B. La prevalencia de la variante crónica de la enfermedad es del 0.4% al 1.6% en América, del 1.2% al 2.6% en Europa, del 1.5% al 4.0% en el sudeste de Asia y de un 4.6% a un 8.5% en las regiones de África. Hay vacunas seguras y eficaces que previenen esta enfermedad, por lo que se espera que su incidencia disminuya en los próximos tiempos.

En África, la hepatitis B crónica tiene una tasa de mortalidad del 25%.

Síntomas de la hepatitis B

La infección por el virus de la hepatitis B (VHB) es asintomática en el 30-50% de las personas adultas. La enfermedad se divide en 2 etapas principales, las cuales se describen a continuación.

Aguda

La hepatitis B aguda es una infección a corto plazo, aunque no suele manifestarse hasta los 2-5 meses después de la infección. Si aparecen, los síntomas más comunes son los siguientes:

  • Orina de color amarillo oscuro.
  • Falta de apetito.
  • Náuseas y vómitos.
  • Dolor abdominal.
  • Ictericia (ojos y piel de tono amarillento).
  • Fatiga.
  • Fiebre.
  • Diarrea y heces de color grisáceo.

Los síntomas y signos suelen durar varias semanas, pero el límite máximo se sitúa en 6 meses. La recuperación es muy común en los pacientes inmunocompetentes, pero un pequeño porcentaje de los afectados puede terminar por desarrollar una hepatitis crónica.

La hepatitis B aguda puede generar dolor.

Crónica

La hepatitis B crónica es una infección duradera (6 meses o más) y se instaura cuando el sistema inmunitario del organismo no es capaz de eliminar al virus. Muchas personas con esta patología, en especial los niños, son asintomáticas. Los signos y síntomas inespecíficos suelen aparecer cuando ya se ha producido un daño irreversible en el hígado (cirrosis). Algunos de los más comunes en esta etapa son los siguientes:

  • Esplenomegalia (bazo dilatado).
  • Tendencia a sangrar (coagulopatía).
  • Acumulación de líquido dentro del abdomen (ascitis).
  • Ictericia.
  • Disfunción cerebral, provocada por la incapacidad del hígado de eliminar las toxinas del organismo (encefalopatía hepática).

La probabilidad de que una hepatitis aguda se torne crónica es mucho mayor en bebés y se sitúa en un 90%. Esta disminuye a un 25-50% en los niños entre 1 y 5 años de edad y a un 5% en las personas que se infectan en su etapa adulta. Los daños provocados por esta última patología son múltiples: cicatrización del hígado (cirrosis hepática), mayor riesgo de sufrir cáncer de hígado, insuficiencia hepática, inflamación de los vasos sanguíneos y más.

La enfermedad hepática crónica aumenta las probabilidades de padecer cáncer de hígado.

¿Cómo se produce el contagio del virus de la hepatitis B?

El virus de la hepatitis B se transmite entre personas a través del semen, la sangre y otros líquidos corporales. El contacto sexual sin protección (vaginal, anal y oral), compartir agujas en ambientes no higiénicos de drogodependencia, los pinchazos accidentales de aguja en el entorno médico y la transmisión madre-hijo durante el parto son los vehículos de infección más comunes. Se calcula que el virus de la hepatitis B es de 50 a 100 veces más contagioso que el VIH.

Diagnóstico de la hepatitis B

No es necesario presentar síntomas para realizarse pruebas de detección del virus de la hepatitis B. Por ejemplo, llevar a cabo análisis específicos de detección de ETS es adecuado si se mantienen relaciones sexuales asiduas con varias parejas, sobre todo si no se practica el sexo seguro. La detección del material genético del VHB, a través de técnicas de biología molecular de elevada sensibilidad analítica, evita las variaciones en la sensibilidad de otras pruebas.

En VIVOLABS puedes encontrar varias pruebas que detectan el contagio del VHB, incluidas la Prueba del virus de la Hepatitis B (VHB), la Prueba del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y hepatitis virales (VHB y VHC) y el Análisis completo de enfermedades de transmisión sexual, ETS (11 agentes patógenos). La hepatitis B posterior a la infección se diagnostica mediante análisis de sangre, ecografías hepáticas y biopsias de hígado.

Las pruebas genéticas minimizan el periodo de detección que trascurre entre la exposición al patógeno y la aparición de los síntomas.

Tratamiento de la hepatitis B

No existe cura para la hepatitis B, pero en general la infección desaparece por sí sola en cuestión de 6-8 semanas. La administración de una inyección de inmunoglobulina humana anti-hepatitis B dentro de las 12 horas de la exposición al virus puede ayudar a proteger ante a la enfermedad. Si el paciente no está vacunado frente al VHB, deberá recibir la vacuna cuanto antes.

Si se determina que el curso de la enfermedad es agudo, suele abordarse solo con descanso, una nutrición adecuada y beber mucho líquido. En los casos crónicos y graves se recurre a la administración de antivirales vía oral, como entecavir, tenofovir, lamivudina, adefovir y telbivudina. Las inyecciones de interferón alfa-2a se conciben en casos concretos y el trasplante de hígado es una opción si los daños hepáticos son muy graves.

Prevención

El mejor método de prevención y control de la hepatitis B es vacunarse. Esta vacuna se aplica en 2, 3 o 4 inyecciones durante un período de 6 meses. La primera dosis tiene lugar al momento del nacimiento y el calendario completo finaliza a los 6 meses de vida o un poco más tarde. Todos los menores de 19 años que no han sido vacunados también deben ponérsela cuanto antes y los adultos en riesgo de contagio también.

No hay que olvidar que la hepatitis B se considera una enfermedad de transmisión sexual. Otro método preventivo excelente es el uso del condón y barreras bucales durante el sexo oral, anal y vaginal. Por último, los exámenes periódicos de detección de ETS ayudarán a los positivos a tomar las medidas pertinentes aunque no presenten síntoma alguno de su infección.

 

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La hepatitis B (VHB) no diagnosticada puede derivar en problemas graves, como cirrosis y cáncer de hígado. Si tienes sospechas de contagio, no dudes en comprar cualquiera de nuestras pruebas ultrasensibles para la detección del VHB.

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